sobre las cosas del vivir



lunes, 6 de agosto de 2012

maro...



Maro está entre Nerja y la Herradura, es una franja de costa agreste casi sin construcciones, los árboles bajan hasta las calas que se forman entre las rocas, a muchas de ellas no se puede llegar más que por mar. El agua en Maro está casi siempre clara y limpia, se ve nítidamente el fondo arenoso lleno de algas y peces, paso horas sentada en la proa del barco mirando el fondo sin cansarme nunca, también nado y buceo en esas aguas sin cansarme nunca. Maro está a unas tres horas de navegación desde el puerto. Cuando el tiempo es bueno y los vientos suaves vamos a Maro a fondear. Acercarse a la costa, buscar un punto preciso y echar el ancla.
Entonces todo cambia, será el silencio disuelto en las olas que chocan en el casco o el movimiento del barco, serán quizás las rocas, como esculturas monumentales, acoplándose precisas hasta llegar al mar, serán las noches de estrellas, el vino y las velas, será el amanecer fresco, salir por la escotilla de proa y en un gesto furtivo, como si fuese una niña, tirarme desnuda al mar. Será no desear ninguna otra cosa ni ningún otro lugar.

Será la felicidad.





viernes, 3 de agosto de 2012

un poema...




El vino entra en la boca
Y el amor entra en los ojos;
Esto es todo lo que en verdad conocemos
Antes de envejecer y morir.
Así llevo el vaso a mi boca,
Y te miro, y suspiro.

(W.B. Yeats)


Y te miro y suspiro. Antes de envejecer y morir. Así llevo el vaso a mi boca.
Y el amor entra en los ojos. Y te miro y suspiro.

Lees un poema, llevas el vaso a tu boca, lo vuelves a leer, lo recitas de memoria, cierras los ojos, se te han llenado los ojos de amor.

Y suspiras.

jueves, 2 de agosto de 2012

agosto...




Agosto ha llegado lleno de reflejos. Como los recuerdos las luces se alargan y se disuelven en el mar negro.

Agosto ha llegado con una luna grande y un gran silencio.



martes, 31 de julio de 2012

antaño...



Él vivía en una casa blanca que daba a un patio empedrado, ella vivía en otra casa blanca en el mismo patio empedrado justo frente a la casa de él. En en centro del patio crecían cada vez más altas cuatro palmeras y una hiedra. La casa de él miraba al norte, donde vivía ella. La de ella daba al sur. Su norte era él.
Trabajaban en una dehesa en un campo de Cádiz, cerca del mar. Él con el ganado, ella servía como criada. Volvían al patio empedrado al atardecer y se sentaban en la puerta de sus casas mirando al norte, él, ella a él.
Cuando ahorró lo suficiente, él se fue a su norte soñado. Ella se quedó esperando frente a la puerta cerrada, soñándolo a él. Al sur.
Él volvió con una mujer del norte y dos hijos que corretearon por el patio empedrado unos días de un verano. Ella siguió sirviendo en la casa grande hasta que la vendieron y la convirtieron en hotel. La casa de ella es ahora la habitación número 3.
Al atardecer, bajo las palmeras, se oye aún mezclado con el viento de levante un llanto pequeño y muy triste.

Las penas de amor se quedan incrustadas en las piedras


sábado, 28 de julio de 2012

anoche...



Cuando atardeció se calmó el viento y el mar, tras la montaña el cielo se hizo magenta, todas las gaviotas dormitaban en la playita chica que hay en la bocana del puerto, miraban el anochecer, como yo, inmóviles y silenciosas.
Al atracar ya había algunas estrellas en el cielo violeta todavía. Yo encendí las velas y bajé a cocinar una pasta sencilla y fresca, por la tarde había ido a pasear, encontré romero y tomillo en un campo tras las casas del pueblo, los maceré con aceite y tomate, unas anchoas y aceitunas. La pasta al dente. Abrí una botella de cava frío, vino Ina y cenamos en una noche quieta y finalmente cálida. Pude ponerme un vestido de seda ligera. Llevábamos sobre la piel todo el sol y todo el viento del día.

Anoche brindamos entre risas por el verano y por la felicidad.


jueves, 26 de julio de 2012

la pereza...




Hay una hora inventada para la pereza, la de la somnolencia en el calor, a la sombra. Los ojos se entornan sin voluntad de seguir mirando. Aparecen a esa hora los sueños olvidados, los deseos adormecidos, las ideas absurdas y todo se mezcla, se mece, se hace viscoso como el aire. Una leve sonrisa asoma al placer de creer que quizás cuando pase esa hora podrás realizar grandes cosas, que dirás las palabras que te queman aún, que llamarás al amigo, que escribirás una historia, que harás un dibujo con tinta china, que arreglarás el vestido azul, que irás a la compra en bicicleta, que olvidarás para siempre ese mal recuerdo, que lo que no es importante lo dejarás hoy también para mañana, que todo es posible, que el tiempo no pasa, que gracias a la pereza has recordado una escena de la niñez o un beso. Aquel beso tan largo y tan denso como esta pereza.

La pereza, esa gran virtud.

miércoles, 25 de julio de 2012

el oeste...



Hay un norte y un sur, un este y un oeste en los libros. Me lo ha escrito hoy, en una carta, un amigo. Cuando abres un libro, cuando comienzas una página estás al norte y vas descendiendo al este, al sur, quizás en el oeste encuentras la frase que te hace detenerte y esperar. También hay un alba y un atardecer en cada libro, en cada página, le he contestado yo, en una carta, al amigo. Pero no sólo en los libros llega la luz o la oscuridad y la noche, también en cada comida, en cada viaje, en cada relación. Piensa en el amanecer de las relaciones, cuando todo es fresco y limpio, cuando aún queda todo por hacer y descubrir, qué diferente al medio día de una relación o de una comida o de un viaje. Qué diferente al anochecer de una relación cuando la ilusión se apaga y el deseo se adormece, o de un viaje, cuando se vuelve cansado y todo termina. Porque todo termina.
También hay un norte y un sur, un este y un oeste en cada comida, en cada viaje, en cada relación, pero tenemos que recorrerlos sin brújula.
Me quedo esperando otra carta del amigo, quizás me sorprenda de nuevo y me diga que no todo termina o que no hace falta brújula para viajar por el norte ni el sur ni el este ni el oeste de una buena relación.

Yo querría creerlo, no todo termina. Se puede llegar sin brújula y sin perderse al oeste de una buena relación.



sábado, 21 de julio de 2012

es un verano...



Es un verano. En la playa me separo siempre de los demás. Soy una niña solitaria. En ese verano aún no hay demasiados turistas y los espacios vacíos son grandes. Yo siempre me alejo.
En la orilla he buscado piedras blancas y conchas. Hay muchas algas verdes entre las rocas, todavía no han desaparecido esas algas del mar. He recogido algas y piedras y conchas. Busco un lugar vacío y lejano para construir un castillo. Ya no veo el mar ni siento el sol sobre mis hombros quemados. Mojando la arena he hecho una muralla con una puerta empedrada y una avenida de árboles verdes. Tengo que correr por la arena ardiente hasta los cañaverales, hay cañas junto a la playa, no existen los bloques de apartamentos ni el paseo marítimo lleno de bares y restaurantes. Hay cañas, arena y mar.
Entre las cañas busco palitos pequeños, los corto a la medida que considero precisa y los hinco en fila a lo largo del camino que lleva al castillo, sobre los palitos coloco con mucho cuidado bolitas de algas y sonrío satisfecha, es un efecto perfecto, entonces hago un jardín, todo un jardín con parterres y fuentes, un lago que intento llenar con agua de mar pero el agua desaparece inmediatamente, la arena se la bebe. No importa, convierto el lago en un césped, extiendo con precisión una al lado de otra las algas que he ido a recoger a las rocas. No hay tiempo ni sed ni hambre. Sólo hay un castillo en mi verano.
Trabajo como una hormiguita. Una niña rubia, pequeña y loca recorriendo sola la playa buscando algas, palitos, piedras y conchas.
Pasa mucho tiempo, toda la mañana quizás. Mi castillo es cada vez más bonito. Yo ya vivo en ese castillo junto al mar rodeado de jardines de algas. Soy princesa en mi castillo. Seguramente nunca seré más feliz.
Levanto la cabeza. Hay un grupo de personas de todas las edades admirando mi castillo. Me aplauden. No me habían aplaudido antes ni me aplaudirán después.

Siento una vergüenza infinita. Salgo corriendo pisoteando mi castillo y me tiro al mar.

jueves, 19 de julio de 2012

promesas...



Si, recuerdo cada día que prometí dibujar. Cada día dibujo, vuelvo a educar la mirada. Como hice tantas veces, durante tanto tiempo, el cuaderno, la cajita de acuarelas, el lápiz, el pincel, casi siempre lo mojo en agua de mar, sobre el mar, buscando una sombra, sin prisa, la mano corre autónoma sobre el papel siguiendo un instinto que tenía olvidado. Los primeros días tenía que forzarme, encontrar el momento, comenzar. Pero ahora siempre surge el deseo de dibujar cualquier cosa. Voy viendo el mundo de otro modo, de otro color, más cercano a mi, a mis ojos, a mis dedos, a mi ánimo. Voy pasando las páginas del cuaderno, llenándolas de verano.

Es bueno cumplir las promesas que uno se hace a sí mismo.

domingo, 15 de julio de 2012

el terral...



El terral es un viento ardiente que llega de tierra. Vendrá de las montañas secas o de las llanuras del interior. Vuela bajo ese viento cruel, arrastrando el calor se hace denso y espeso como la lava. Cuando llega aquí, al mar, el terral se expande e inunda de fuego el aire. Con el terral es difícil sobrevivir. Hay que cerrarlo todo, buscar la oscuridad y respirar despacio.
Ayer hizo terral. Casi todos los animales y todas las personas se escondían asustados, se quejaban y maldecían. Sólo las gaviotas siguieron volando alto, alegres, más ligeras quizás porque el calor asciende y las empuja hacia arriba.

A mi el terral siempre me ha dado risa y ganas de volar. Me siento feliz y mi ánimo sube tan alto como las gaviotas.



jueves, 12 de julio de 2012

el nadador...


"El nadador" de metal que vuela, obra de Cayetano Romero.




Se lanzó al mar quizás o a un torrente que fluye, sin miedo, de cabeza, como se lanzan los valientes al agua o a la vida, cuando la vida fluye y arrastra.
Era cuestión de un segundo zambullirse, perderse entre las olas y nadar, el nadador de metal que vuela.
Lo detuvo el tiempo.

Suspendido en el aire sigue soñando para siempre (como yo) el nadador con nadar.



lunes, 9 de julio de 2012

esa sombra...



Atravieso las dunas hundiendo en la arena los pies descalzos. El cielo es de un azul infinito. Tan infinito como el verde del mar que aparece de repente tras los pinos. Suelo ir con pocas cosas cuando quiero ser feliz. Llevo agua dulce, aunque aveces, a sorbitos, bebo agua de mar, el libro, la crema, el pareo, las gafas de sol. Tiempo. Para ser feliz hace falta tiempo y ganas. Por el camino busco algunos palos o unas cañas porque luego ataré el pareo para que el viento lo levante como a una bandera roja.

Y yo, bajo esa sombra soy feliz.

viernes, 6 de julio de 2012

lineas de fuga...




Lineas de fuga, hacia la tierra, para adentrarse en el mundo, atravesando la arena y los matorrales está la vida, con las personas que se aman y las que son indiferentes, con las actividades cotidianas, con las cosas hermosas y las feas que hay que soportar, las comodidades, la comida, el agua dulce, la casa para protegerse del sol o del frío, porque el viento sopla helado. Lineas de fuga hacia todo lo que parece seguro, lo que da miedo perder, lo que se desea conquistar.




Lineas de fuga, hacia el mar, para alejarse del mundo, atravesando las olas y las algas hacia un sueño, hay pocas personas en el sueño, nada es cotidiano ni monótono ni igual, todo es líquido e infinito, no hay agua dulce ni casa donde refugiarse, pero se puede volar, amar y jugar. Olvidar.
Lineas de fuga hacia lo inseguro, lo que da miedo no alcanzar.

Más miedo da no ser valiente, quedarse parado, que el tiempo pase y no saber hacia donde caminar.


domingo, 1 de julio de 2012

verano...



Comienza el verano. Un verano grande.
Eso, que sea un verano grande, que venga muy salado de mucho mar, que esté lleno de cielos de todos los colores, de muchas horas de luz, de sombras. Noches de estrellas. Que pueda ver la costa con sus lucecitas a lo lejos  para después buscar puerto y atracar. Que haya música suave y silencio fuerte. Lunas. Agua dulce. Olas. Que las cosas malas se hagan pequeñas y que por momentos se puedan olvidar. Que se cumplan algunos deseos, no todos que después sería aburrido no tener nada más que desear. Viento y calma chicha. Calor. Jazmines. Que haya paseos en bicicleta, libros a la sombra, sardinas, cerveza fría y tomates con sal. Que vengan los delfines (si quieren). Que haya amigos y risas. Vestidos de seda, piel morena, pies descalzos, brindis con velas, miradas y palabras sin hablar.



Que no se me olvide la cajita de acuarelas y en algunos momentos solitarios, mojar el pincel en agua de mar.

jueves, 28 de junio de 2012

el futuro...



Tengo una bola mágica donde leo el futuro. Los futuros, porque mi bola mágica está compuesta por muchas bolitas mágicas también y en cada una de ellas juego a ver el futuro que quiero. Con la misma bola se podría ver el pasado, aunque es muy difícil jugar con el pasado, es posible, porque si se quiere todo es posible.
Por las noches, cuando me acuerdo, voy a mirar un rato (a no ser que tenga que contar estrellas, escribir cartas, recoger jazmines, hablar con los grillos, leer el surco del agua o alguna otra cosa más importante). Ver la cantidad de futuros que todavía tengo me da alegría y esperanza.
Tengo un futuro donde siempre huyo y encuentro cosas nuevas, en otro permanezco haciendo esfuerzos para que la vida de cada día, siendo pequeña, al menos me divierta. En un futuro lejano vivo en el mar sin pisar tierra. Hay algún futuro oscuro, casi negro, que me da mucho miedo y mucha pena. Uno rojo de besos que queman, uno de un azul sereno lleno de calma fresca. En el futuro blanco reconozco las sombras de la pared, las escaleras y las velas. Algunas veces veo un futuro verde con árboles frutales y flores frescas.

Cuando estoy alegre y soy valiente giro la bola mágica y todos los futuros, como si fuesen un presente, se mezclan.

martes, 26 de junio de 2012

el sueño del otro...



Para recordar los recuerdos de los otros hace falta mucho amor. Para soñar los sueños de los otros hace falta enamorarse.
Amar, cuando el amor es el aire que se respira, es soñar el sueño del otro, lanzarse al sueño como si fuese tuyo, convertirte en el sueño del otro porque el otro, al que tú has elegido para soñar, te sueña a ti. Entonces tú te sueñas como un sueño y ya no eres tú, no son tus ojos ni es tu piel. No piensas como tú, algunas veces no hablas como tú, hablas como habla el sueño del otro, tienes la edad que tiene el sueño del otro, que no es la tuya. Seguramente en el sueño del otro eres siempre más joven y más hermoso, eres más bueno y más inteligente, más divertido. En el sueño del otro eres el sueño de ti mismo que ya no te atreves a soñar. Al amar puedes soñarte así, como te soñaste entonces, cuando la vida te abría todas las puertas y aún creías en tus sueños.
El otro te hace amar-te, sueñas su sueño, que es el tuyo. Por eso el amor hace feliz. Por eso el amor, cuando es el latido que te devuelve a la vida,  no dura mucho. Porque es un sueño.

El desamor es el despertar del sueño del otro.

domingo, 24 de junio de 2012

el limonar...




Qué extraño es recordar los recuerdos de los otros.
Hoy he estado recordando otro tiempo que ya no es verdad. Mi ciudad, con playas que aún eran vírgenes, calles estrechas y tiendas con mostradores de madera, he recordado cuando los jóvenes de entonces iban a bailar al Hotel Miramar, cómo se paseaban en barca por el puerto, he recordado los colores de aquella época, cuando yo aún no había nacido, los atardeceres en el horizonte siguen siendo iguales, eso no ha cambiado. En sus recuerdos no me recuerdo a mi misma porque yo aún no era verdad. Con él puedo recordar nombres, verdades y mentiras, recordar sabores y el frío o el calor, pero los olores no podemos recordarlos porque dice él que los olores ya no son los mismos.
"El limonar", con sus casas señoriales y sus jardines sombríos olía a una flor blanca, como una campanilla  que se abría al atardecer, era muy finita y olía a miel. Ya no huele así "El limonar", ya nada huele igual, dice él, y yo que estoy recordando sus recuerdos para que no mueran, busco esa flor blanca que huele a miel y se la llevo. Él intenta sonreír y dice que sí.

En silencio recordamos juntos el olor de "El limonar".

viernes, 22 de junio de 2012

tu sombra...



Se ha caído tu sombra.
En tu sombra escondías el aburrimiento y la monotonía, a la sombra mantenías frescos los deseos, como si aún fuesen jóvenes y desde la sombra salían corriendo para lanzarse al mar. Refugiado en tu sombra veías pasar a los que iban al sol, nadie tenía una sombra como la tuya y te sentías orgulloso. Era única. Una sombra frente al mar donde ibas cuando querías y te escondías a soñar.
Y un día llegas contento a buscar tu sombra y ves que se ha caído, es raro porque no ha habido un temporal, no ha subido el viento ni las olas, es como si la sombra se hubiese tirado por los suelos cansada ya de estar en pie.

Entonces miras atrás y recuerdas las otras sombras de tu vida, aquellas que en otro tiempo te abrazaron, las que habías olvidado y que también fueron cayendo.



miércoles, 20 de junio de 2012

no me indigno...



"No me indigno, porque la indignación es cosa de los fuertes; no me resigno, porque la resignación es cosa de los nobles; no me callo, porque el silencio es cosa de los grandes. Yo no soy ni fuerte, ni noble, ni grande. Sufro y sueño"              
(Fernando Pessoa)

Me gustan las palabras de Pessoa, Me gustan todas sus palabras, no me canso de ellas. En ciertas palabras a veces nos vemos reflejados como cuando al pasar distraídamente ante un escaparate ves tu imagen y te sorprende, eres tú en el reflejo de un cristal, no esperabas verte, por eso te reconoces más real, no te ha dado tiempo a ajustar lo que eres con lo que de ti quieres ver.
Así me veo ante las palabras de Pessoa, como en un cristal que me dibuja sin definirme por completo, a través de un mundo que no es el mío.
Es cierto que no me indigno, ni me resigno, ni me callo, es cierto que no soy fuerte, ni noble, ni grande.

Sufro y sueño con alegría y esperanza.

martes, 19 de junio de 2012

joyas...



En la orilla del mar suelo encontrar piedras preciosas, las he buscado a lo largo de toda la vida y las distingo sin dificultad. Son mis joyas. Yo nunca he apreciado las joyas valiosas, esas otras piedras que también se llaman preciosas y que cuestan mucho dinero. Jamás las querido. Para mí no tienen interés. Sin embargo descubrir alguna piedra preciosa me llena de felicidad, puedo pasar horas mirándolas, casi nunca brillan, lo que brilla demasiado me aturde, prefiero los reflejos matizados y las penumbras.
Algunas veces mis joyas son rocas enormes, las encuentro en las montañas mágicas o en el mar.
Atardece, hoy necesito olvidar, me siento a mirar mis joyas tan hermosas, grandes, ensartadas por las olas.

La verdadera belleza consuela y no tiene precio.

domingo, 17 de junio de 2012

su mano...



Su mano me sostuvo. Me acarició. Me alzó por los aires. Me guió cuando me perdí. Él me contó que cuando nací me acercó su mano, yo me agarré a su dedo índice y no quise soltarlo.
Sus manos fueron fuertes y hermosas. Siempre me gustaron sus manos. Cuantas veces habré mirado sus manos, con sus manos me construyó una cabaña sobre un árbol para que yo tuviese mi primer refugio. Su mano abrazaba la cintura de mi madre cuando bailaban sin música en el jardín. Su mano me salvó en el mar y me llevó a la orilla. Me protegió, su mano hubiese matado por mí. Algunas noches necesité su mano junto a mi almohada para poder dormir. Sus manos distintas a la de todos los hombres de mi vida. Su mano que hizo tanto por amarme tanto.
Su mano se ha hecho vieja, llena de tiempo se va difuminando como él.
Su mano tiembla, como yo.
Su mano elegantemente abandonada mientras duerme.

Apoyo mi cara en su mano, no tengo otra cosa y quiero regalarle estas lágrimas.

jueves, 14 de junio de 2012

mentira...



Sólo las mentiras dicen la verdad. La nuestra, la que tenemos dentro, dormida, la que tanto temememos.
Vamos a decir mentiras.
No me cuentes tu verdad, ya la veo en tus manos, en tus ojos tristes o en el color de tus zapatos, háblame del sueño, no me digas lo que pasó, no quiero saberlo, no me importan las fechas ni los nombres, ni los verdaderos recuerdos. No eres lo que has vivido, quizás seas lo que no te permitiste vivir y lo que no te dejaron soñar ni decir.
Yo no te hablaré de mi pasado, no importa, no es lo que soy, podía haber sido distinto, qué más da si realmente estuve o no en aquel país lejano, ¿atravesé un desierto? ¿amé? ¿naufragé? ¿naufragaste tú? Inventemos otra historia, es el único modo de conocernos. Tú a mí y así yo a mí. Yo a ti y así tú a ti.

De verdad que no hay otro modo de  llegar lejos.

martes, 12 de junio de 2012

crosno...



Llegué a Crosno al atardecer. Los tejados azules se teñían ya de violeta pero aún no habían encendido las luces de las calles. Las calles de Crosno son empedradas y estrechas, por las noches en la puerta de cada casa encienden un farol. En Crosno no hay luz eléctrica, la primera vez que vi la ciudad iluminada por las velas me emocioné, tuve la sensación de haber llegado a una ciudad inventada por mí.
Encontré sin dificultad una casa donde vivir. Por las mañanas salía con todos los demás al otro lado de la muralla y ayudaba en las tareas del campo, me gustaba cuidar el huerto o salir a pescar en las barcas rojas que tenían en el puerto, porque Crosno estaba al borde del mar. Aprendí a podar olivos y a remendar las redes, no quise ir con los rebaños a la montaña ni quemar rastrojos, me dejaron hacer lo que más me gustaba.
Por las noches solía quedarme sola en mi casa pequeña, aunque a veces participaba en las fiestas que organizaban en la plaza, bailaba y comía con ellos. Reía con ellos y les contaba a algunos mi historia si me preguntaban de donde venía y cómo había llegado a su ciudad.
En Crosno fui feliz. Cuando anochece aún pienso en los tejados azules que se tiñen de violeta.

 Al final siempre huyo. No recuerdo qué fue lo que me hizo huir también de allí.

domingo, 10 de junio de 2012

demonios...



Tenemos dioses y tenemos demonios. Yo se que somos nosotros los que los inventamos, los vamos haciendo como queremos. Al menos yo los hago siempre tal y como quiero.
Casi todos mis dioses habitan en el mar. También tengo algunos dioses en las nubes, pero son dioses menores y despistados. Tengo dioses en las piedras, en los animales y en algunas flores. Tengo algún dios de papel y algún otro que es de carne y hueso.
A mis dioses les enciendo estrellas y velas por las noches y les pido que me cuiden, que no me dejen y que me ayuden a ir viviendo.
A mis demonios los tengo casi siempre a raya. Son demonios dormilones y risueños. No son malos del todo mis demonios, ni demasiado feos. Son viejos, eso si, tienen algunos desconchones, han perdido el color y la memoria, ya no dan ni miedo.
La verdad es que no suelo verlos, se esconden y exceptuando algún grito desesperado, casi siempre están en silencio.

Aprendí hace mucho tiempo que mirándolos con ternura hasta los demonios son medio buenos.

jueves, 7 de junio de 2012

la isla blanca...



La isla blanca está en un pueblo pequeño entre montañas, cerca del mar, al sur de Granada, pero podría estar en cualquier sitio porque la isla blanca está lejos del mundo, de todos los mundos menos del interior. Es una isla que mira hacia dentro. Tiene una gran fachada blanca y podría parecer una casa en una calle pero sólo el que ha entrado sabe que en realidad es una isla que flota sobre el mar denso de la realidad. Yo, que soy un pez, no se nadar en ese mar turbio y traicionero y muchas veces me ahogo, veo a los demás moverse con facilidad, son capaces de vivir entre las olas altas de una realidad que a mi se me hace absurda, los demás suelen nadar en parejas o en grupo, yo creo que no saben donde van, pero avanzan por el tiempo y el espacio y yo, que soy un pez, no se seguirlos. Sólo en la isla blanca encuentro refugio.
En la isla blanca tengo mi cielo y mi orilla, agua dulce y dulces sueños, tengo un bosque sombrío y una playa de piedras en la planta alta, al sol. En la isla blanca tengo estrellas, un horizonte de montañas azules, mucho tiempo y poca prisa, tengo silencio o música, millones palabras y casi todos los colores.

Como un náufrago llego aquí y entre los muros blancos descanso y respiro.

martes, 5 de junio de 2012

sabores...




Es cierto que muchas cosas ya no saben igual, ni las cerezas ni los albaricoques ni las manzanas ni las uvas, las peras y los higos tampoco saben ya igual, ni los tomates.
Pero hay muchas cosas que si saben bien: sabe bien cuando sabes que alguien sabe que te gusta, te gusta lo que dice y lo que hace, eso sabe bien.
También sabe bien cuando sabes que brindarás bajo las estrellas o cuando sabes que al salir del mar los labios sabrán a sal, eso sabe bien. Saben bien los besos y los besos soñados saben a gloria, el sabor de los besos soñados no pasa con los años. Las risas saben siempre bien, a cualquier hora. Los secretos, los silencios y algunas palabras saben bien, sobretodo a la luz de las velas. Sabe bien el aire fresco del amanecer y sabe bien el agua cuando se tiene sed. 

Incluso las manzanas, las peras y las uvas siguen sabiendo bien si las pintó Caravaggio. 
El arte sabe bien.


domingo, 3 de junio de 2012

cerezas...



Las cerezas, como muchas cosas en la vida, vuelven cuando no se recordaban, aparecen un día sobre una mesa y sorprenden porque son iguales a las cerezas de aquellos veranos felices. Por las tardes a la sombra del nogal, con el pelo húmedo y los labios azules de tantas horas en el mar. Las niñas nos colgábamos las cerezas de las orejas como pendientes. Los niños se metían las cerezas en la nariz y después se las comían para darnos asco y risa.
Aparecen de nuevo las cerezas llenas de recuerdos rojos. Entonces se desean y por un momento, antes de probarlas, saben a felicidad. Las comemos mientras charlamos intentando no recordar aquellas otras cerezas y que no somos los mismos, ya no tiritamos ni tenemos los labios azules, no hay hambre de cerezas, no nos las colgamos de las orejas ni nos gusta en secreto un niño moreno que nos hace reír.
No son tan dulces ni saben a sueños estas cerezas.

Estas cerezas saben, como muchas cosas en la vida, a la melancolía de lo que ya no es.

viernes, 1 de junio de 2012

volar...

"un mundo de piedra" lápiz sobre papel.


Las cosas cambian.
Un día soy la piedra que pesa, la que está inmóvil en el suelo, paciente o triste. Hay otras piedras que se elevan y vuelan (aunque las piedras no vuelan), todo puede pasar.
Otro día vuelo yo, me elevo, miro el mundo desde arriba, inquieta o feliz, soy una de esas piedras que vuela (aunque las piedras no vuelan), todo puede pasar.

Las cosas cambian, todo puede pasar y todo pasa...

jueves, 31 de mayo de 2012

ausencia...



Algunas veces la vida se llena de ausencia. Llega la ausencia y se instala en la casa, se sienta en el sofá, llama a la puerta a la misma hora pero luego no se va. Ciertos días la ausencia hace lo que hizo cuando estuvo, repite las mismas palabras, bebe en el mismo vaso o tiene la misma forma de mirar. Otros días cambia y decide venir al trabajo o al mar. Hubo un tiempo en que la ausencia consolaba, era divertido tenerla cerca para reír o hablar. Pero después la ausencia duele y cada día pesa más.

Uno cree que la ausencia va a irse en silencio pero la ausencia es obstinada y aunque le digas suavemente: "por favor, vete". Te mira a los ojos, sonríe y no se va.

miércoles, 30 de mayo de 2012

los animales...




Me gustan los animales, todos los animales me gustan incluso los que suelen no gustar como los insectos o las salamanquesas, me gustan mucho las ranas y los pájaros si están libres, me gustan todos los animales libres y todas las personas libres, aunque no haya muchas.
De entre todos los animales los perros me gustan especialmente, toda mi vida he vivido con perros, a algunos los vi nacer, los crié, los disfruté de cachorros, de adultos, y luego viví con ellos la vejez y la muerte. Con los perros aprendí a valorar la vida pequeña y a comprender la muerte grande.
Hay algo entre los animales y yo, un amor mutuo. 
Estoy en la playa, hay un perro jugando con su dueño en la orilla, lo miro, sonrío y viene a mi, a saludarme feliz, a decirme que me reconoce, lo acaricio y me da un lametón, después vuelve corriendo tras de la voz de su amo. Me deja sola de nuevo, pero más feliz.
Los animales trasminten una felicidad única, simple, inmediata y natural, dan amor sin condiciones, no esperan nada.

Un tipo de amor extraño que sólo he conocido en los animales.

lunes, 28 de mayo de 2012

viejas rosas...



Los rosales están en una esquina del jardín, las rosas y las personas siempre están en una esquina del jardín o de la vida. El mundo está lleno de rosas, cada una en la esquina de su rosal. Todo lleno de espinas y rosas.
Eran rosas rojas y blancas, a veces parecían azules al anochecer. Había rosas hermosas en la esquina del jardín de la vida, perfumadas e hirientes, orgullosas y frescas.
Los capullos se abren y dan ganas de cortarlos, también dan ganas de dejarlos vivir, nunca se sabe que se desea hacer con lo que tanto se desea.
Están así, juntas, todas las rosas en el rosal de la esquina y de pronto, sin que haya pasado tanto tiempo, se hacen viejas algunas rosas.

Viejas rosas...

miércoles, 23 de mayo de 2012

lo que somos...



¨La vida es lo que hacemos de ella. Lo que vemos no es lo que vemos, es lo que somos."

"El libro del desasosiego"
Fernando Pessoa

Entonces yo soy mar, cada día mar, mar que cambia, que se agita o que es calmo.
Hoy frío y transparente. Lo que veo es lo que soy.

Soy mar...


martes, 22 de mayo de 2012

contrastes...



El viento frío que llega del mar y el calor del sol. Si uno se concentra lo suficiente se pueden sentir las dos cosas al mismo tiempo sobre la piel desnuda, es un gran contraste.
El trinar de los pájaros y el silencio, o el rumor de las olas y el silencio.
Una pena muy grande y una alegría pequeña, algunas veces puede pasar que la alegría, por un momento, hace olvidar la pena y uno comprende que es posible sufrir y ser feliz al mismo tiempo.
Entre muchas cosas feas uno descubre algo bonito, entonces se siente un gran alivio.
Las nubes y el cielo azul.
La oscuridad y la luz.
La soledad y la compañía, es un contraste enorme y a veces no se sabe qué elegir.
Soñar y estar despierto, aunque el contraste más grande es estar despierto y soñar al mismo tiempo. Ese contraste es peligroso porque uno puede confundirse y no saber realmente dónde se está.

Otras veces la vida parece dulce y fácil y de pronto pasa algo inesperado y todo cambia, en estos casos lo mejor es concentrarse para sentir el contraste del aire frío que viene del mar y el calor del sol sobre la piel desnuda.

domingo, 20 de mayo de 2012

escondites...




Busco donde esconderme. Algunas veces el cielo ahoga, o el mar. Ahogan las miradas que te miran y las palabras que te hablan. Hasta el aire ahoga algunas veces.
Entonces sólo se esconderme.
Mis escondites me esperan, como esperaba siempre el abrazo materno que perdí, yo se que los iré encontrando por casualidad, que podré refugiarme en ellos, como sabía que en aquel abrazo que me falta podía siempre respirar.
Mis escondites son pequeños y frágiles, la vida grande y dura me los ofrece. Hoy al salir a la carretera una buganvilla me ha regalado su escondite para que yo lo ponga con cariño en un jarrón ante un color, bajo una luz y que así vuelva el aliento, a sorbitos.

Latidos de belleza efímera donde descanso la mirada, me escondo y sonrío.


jueves, 17 de mayo de 2012

mía...



Era una mujer de mediana edad, pequeña, de ojos verdes y pelo lacio muy oscuro.
Hoy hace exáctamente un año que la conocí en la terraza de un restaurante, al verla pensé que era francesa por su corte de pelo y por su actitud segura y distante. Estaba sóla, al no haber más sitio en la terraza me ofreció una silla en su mesa y comimos juntas, así sin más. No era francesa, era italiana aunque hablaba perfectamente español con un leve acento dulce, porque el italiano es un idioma dulce.
Mía transmitía la alegría misteriosa de quién tiene un secreto o la de esas pocas personas que se divierten consigo mismas y no necesitan a los demás.
Estaba viajando sóla por España, me dijo que huía, lo dijo entre risas y brindamos por los que tienen el valor de huír de la monotonía y de la vida real.
Mía se inventaba personajes allá por donde iba, vivía muchas vidas porque una sóla no le bastaba, se lanzaba al amor si encontraba a quién amar y  mantenía abiertos los ojos para ver el mundo que es grande.
No quiso hablarme de su vida cotidiana ni de su trabajo o de su pasado porque son cosas que no importan ahora, ahora estamos aquí y somos quienes queramos ser. Pensé que yo querría ser como Mía, tener el valor de huír, ofrecer una silla vacía en mi mesa para reír y hablar con desconocidos, transmitir alegría sin miedo y tener los ojos abiertos para ver el mundo que es grande.
Me dijo que me llamaría y no lo ha hecho. Le dije que le escribiría y no lo hice. Las dos sabíamos que la magia de ciertos encuentros inesperados no se puede prolongar.
Hoy hace un año que conocí a Mía.
Tumbada en la playa sobre mi toalla roja cierro los ojos al sol y la recuerdo como se recuerdan los sueños.

Quizás Mía no existió.

martes, 15 de mayo de 2012

relativo...



Todo es relativo. Puede parecer que las cosas se hacen demasiado difíciles, que el dolor, la enfermedad, lo sucio y lo feo lo llenan todo, que falta el aire, falta la luz, falta la alegría, falta el mar, que sobran quejas y reproches, miedos, injusticias, sobran penas. Puede parecer que no hay salida ni luz, ni ganas, ni color, ni ilusión, ni tiempo.
Sin embargo en un parterre a la puerta de un hospital han florecido las petunias.

Me detengo y las miro. Las miro. Me detengo. Sonrío. Realmente todo es relativo...

jueves, 10 de mayo de 2012

mi patio...



Mi patio rojo es muy pequeño, tan pequeño que solo se puede estar en pie, pero la mirada se me disuelve en la fuente y si recorro las hojas del prunus que ya han brotado, el helecho, la camelia que crece, la hierbabuena entre los chinos, el perejil, el musgo o las sombras, me pierdo en él. Mi patio rojo entra en la casa por el ventanal, estoy siempre en el patio al ir viviendo, cuando me tumbo en la alfombra o en el sofá, cuando me siento en la mesa o al cocinar y al dormitorio en alto llegan ya las ramas del jazmín. A las cosas pequeñas es más fácil hacerlas entrar en las casas, en el corazón o en la vida.
Mi patio está justo bajo el cielo, muy lejos del mundo, pero cerca de la realidad.

En mi patio pequeño caben todos los sueños, algunas desilusiones y mucha calma.

lunes, 7 de mayo de 2012

modernidad...



En el aula de dibujo las estatuas están generalmente ante una pared blanca.
Otro profesor o algún alumno ha colocado un tablero blanco y negro detrás de la venus, seguramente intentaban resaltar el contraste o buscaban un aire de modernidad. Es verdad que al principio impacta, pero la venus que he dibujado tantas veces, la que he mirado desde todos los ángulos, la que he enseñado a dibujar a carboncillo, con pastel o acuarela, ha cambiado, el fondo neutro hacía creíble sus curvas de escayola, ahora se esconde avergonzada, consciente de su anacronía. Al terminar la clase y quedarme sola en el aula he retirado el tablero y las dos hemos respirado tranquilas, libres de modernidad.
Cuando esta noche llegue a mi casa encenderé las velas y en vez de ver la televisión subiré a la terraza a mirar estrellas. Hoy la luna comienza a menguar.

¿También yo soy de otra época?

viernes, 4 de mayo de 2012

el paraíso...



Ayer me levanté temprano. Encontré el  cielo muy azul pero no era suficiente, por ser tan azul no bastaba y fui al mar. Hay veces en la vida en que uno no se conforma y lo quiere todo.
Por la carretera junto al río me sentí alegre, iba canturreando como el viento y los cañaverales.
Esa playa de Granada en esta época del año es el paraíso. Inmensa y solitaria, está limpia, hay zonas de arena pero también chinos y piedras bellísimas que miro, recojo, coloco haciendo formas o signos y después olvido.
El mar estaba sereno, con el brío tímido del viento suave, muy azul. En la orilla algunas gaviotas, dos garcetas y el rumor de las olas. Detrás, tras una valla, hay un jardín. Es un jardín privado, si soñase un jardín sería ese porque está frente al mar y porque cantan infinidad de pájaros.
Más allá del jardín, a lo lejos, la sierra nevada.
Y yo tan pequeña, abandonada al sol, como otra piedra en la playa, sola en el paraíso entre dos orillas blancas: la espuma en el mar y la nieve en el cielo.

                                                                           Feliz.


miércoles, 2 de mayo de 2012

petroleros...



De pequeña yo creía que los petroleros eran parte del mar, estaban siempre ahí entre la orilla y el horizonte, como las nubes son parte del cielo. En la bahía siempre hubo petroleros, aprendí que miran al viento y bornean si el viento cambia, yo también miro al viento y borneo si el viento cambia. Me gusta verlos tan rojos brillar sobre el azul, pacientes. Cuando comencé a hacer acuarelas me sentaba en las rocas de la playa y dibujaba petroleros, más tarde hice una larga serie de grabados al azúcar que se llamaba "algo de mar", eran también petroleros flotando entre nubes o en atardeceres suaves. Los veo siempre de lejos, veo su belleza, que llevo asociada a mi niñez y a mi ciudad de mar, no soy capaz de odiarlos aunque se lo que significan y lo que son. Conocer las cosas a veces no es suficiente para borrar su belleza ni les impide emocionar.

Así serán mis recuerdos, como petroleros rojos borneando en atardeceres suaves, siempre de mar.

martes, 1 de mayo de 2012

pan de oro ...




Cuando no tengo a qué agarrarme suelo recurrir a los objetos que me rodean. Hace mucho tiempo que descubrí que los objetos y las personas con las que vamos rodeándonos en la vida son los que nos van haciendo a nosotros, nos influyen, nos modelan. Nuestro ánimo y nuestro pensamiento cambia para adaptarse a las cosas y a las personas que colocamos a nuestro alrededor. Por eso intento rodearme de objetos que me hagan sentir bien, no tienen que ser valiosos ni especialmente bellos pero tengo claro que nunca tendré cerca algo que no me guste o que no me aporte algo bueno.

Esta noche recurro a una bandeja antigua que restauré con colores al oleo, cariño y pan de oro.

domingo, 29 de abril de 2012

la alcazaba...




Ahora la alcazaba está abierta al público, restaurada y cuidada, entonces la silueta en la cresta del monte entre la ciudad y el mar era la misma pero estaba abandonada y destruida en muchas zonas, sucia. Era entonces cuando mi abuela me llevaba allí, nos perdíamos entre los muros, descubríamos habitaciones en penumbra con pequeñas ventanas verticales desde donde se veía el mar y entre las dos narrábamos nuestras ilusiones.
Nos sentábamos en las piedras y reconstuíamos el palacio, cubríamos las salas de azulejos  de colores brillantes con teselas doradas y guirnaldas de lacería. Colgábamos en los vanos cortinas de tejidos ricos y vaporosos que volaban con la brisa salada al atardecer, extendíamos alfombras persas y almohadones mullidos donde nos tumbaríamos a oír el tintineo de las fuentes y una música lejana de guitarras y flautas.
Hacíamos todo lo que queríamos porque en las ilusiones uno hace todo lo que quiere, me lo enseñó mi abuela, se bien cómo hacerlo y todavía lo hago.
En la alcazaba yo era siempre una princesa cristiana, quise ser mora, vestirme con gasas y cubrirme el rostro con un velo, pero decía mi abuela que las princesas moras no tienen los ojos verdes ni el pelo rubio, a cambio de ser cristiana el rey moro se enamoraría de mi, además los amores imposibles son mucho más divertidos, eso también me lo enseñó mi abuela, me querría tanto el rey moro que renunciaría a su reino frente al mar y me llevaría en un barco de vela a su tierra árabe, allí me amaría entre las dunas, un ejercito de dromedarios me acompañaría por el desierto bajo el cielo rojo y cien corceles blancos me esperarían a la puerta del palacio donde mi rey moro me abrazaría por las noches con sus fuertes brazos oscuros. Las ilusiones iban cambiando como queríamos, un día mi rey moro murió en una guerra para salvarme de unos bereberes que querían matarme por no ser mora, pero me puse tan triste que tuvimos que resucitarlo, sólo así dejé de llorar. Lo cuidé de sus heridas durante meses hasta que se puso fuerte y volvió a abrazarme.
Mi abuela me enseño a soñar, a vivir soñando, lo que ella no sabía es que los sueños, absurdamente, se empeñan en vivir mucho más tiempo que nosotros y que algunas veces son más importantes que la realidad.

La alcazaba, en mi ciudad, aún está llena de nuestras ilusiones.


viernes, 27 de abril de 2012

reino en el azul...



"Reino en el azul como una esfinge incomprendida" (Baudelaire "la belleza")

Por las mañanas, tras las noches blancas, subo a mi estudio blanco y disfruto de las horas blancas.
Apoyé la taza del café entre los papeles desordenados que tengo sobre la mesa, anoté una frase, creo que hice algún dibujo a lápiz, me tumbé en el sofá y miré el cielo. Azul. Azul también el mar.
Nada me impide reinar en el azul como una esfinge incomprendida.

En el azul se suavizó mi pena blanca.

jueves, 26 de abril de 2012

la superficie...




La superficie de las cosas, como el reflejo en el agua. Que se rompa, que se altere, que caigan piedras, gotas de lluvia o lágrimas, no importa, que algo haga que se mueva, una ráfaga de viento, un deseo, una sonrisa, un dedo, un pez. Que no pasen los días sin que fluya, sin que algo cambie.
Que suceda algo o alguien que haga vibrar la superficie de las cosas y su reflejo en el alma.
Que la vida no se estanque.

Sólo así el fondo sereno estará tranquilo.

martes, 24 de abril de 2012

cabras...



Una carretera de montaña me lleva desde el pueblo donde vivo hasta la ciudad. Todos los días conduzco entre pinos y almendros, es uno de los placeres diarios que me regala la vida. Al medio día veo el cielo azul o las nubes galopar sobre los montes, huelo el tomillo y el romero del campo porque llevo las ventanillas abiertas. Tras las curvas y el tunel aparece el mar. Conozco ya las retamas y las higueras del camino. En invierno paro en el pinar y recojo piñas secas para encender la chimenea. En primavera intento salir con más tiempo y busco florecillas blancas o vinagretas. Por la noche, cuando vuelvo, miro la luna que siempre cambia o las estrellas, he visto también zorros que caminan sigilosos y alguna vez una ardilla.
En ocasiones invade la carretera una piara de cabras. Entonces paro el motor y disfruto de esos momentos de espera, los perros que las acompañan las dirigen con alegría, ellas obedecen aunque alguna se detiene a mirarme insolente y parece que sonríe como yo.

Hoy me he cruzado con las cabras. Han sido los cinco minutos más felices del día.

lunes, 23 de abril de 2012

poniente...



Sopló fuerte el poniente al medio día. El poniente es un viento fresco y aunque el sol brillaba el aire entraba cargado de sal por los ojos y por la piel. Las velas desplegadas dejaban el barco a la sombra, menos la proa que saltaba las olas al sol embarcando agua. El poniente en primavera es un viento orgulloso, frío y limpio, deja el mar helado y de un azul tan intenso que casi duele, como duelen los recuerdos. El mar hace que todo parezca posible. El barco se escora pero no vuelca. El viento trae algunas ráfagas de miedo que hacen flamear las velas y todo lo que en tierra parece cierto.
Pasó el medio día y cayó el poniente. Volvió de pronto la seguridad, la estabilidad y la monotonía. Al caer el poniente, ya en tierra firme, se hizo cierto todo lo que en tierra parece cierto.

Lo que sólo el mar diluye.