sobre las cosas del vivir



jueves, 13 de junio de 2013

historias del patio rojo...



En el tiesto grande de la esquina está el jazmín, cuando lo compré  me cabía en una mano, tardó varios años en crecer aunque siempre fue generoso y dio jazmines. Ahora es tan alto que llega al dormitorio y perfuma mis noches de verano. En invierno lo podo con todo el amor del que soy capaz aunque me duele cortar sus ramas, pero sé que solo así brotará más fuerte y se hará más grande, quizás llegue algún día hasta la terraza de arriba.
Dos de los ficus también llegaron siendo apenas unas ramitas, los transplanté varias veces, son gemelos, juegan juntos como niños y compiten por crecer.
La bignonia está conmigo desde hace mucho, la compré en la plaza de Bib-rambla en Granada, ella sola era mi jardín en aquellos años que viví allí, me acompañó después a Sevilla y a Guadix, la llevaba con mi equipaje y la hacía parte de las casas que iba habitando y abandonando. Aquí ha encontrado su hogar aunque algunas veces le digo que conmigo nunca se sabe y que nada es definitivo, pero ya somos más viejas y quizás más perezosas para abandonar esta vida y volver a empezar otra.
El prunus lo compré cuando murió mi madre, se lo regalé porque era el árbol que más le gustaba, lo cuido como si la cuidara a ella, en algunas noches tristes me acerco a su tronco oscuro y le susurro palabras, me apoyo en él y lo rozo con los labios, a veces creo sentir una caricia o consuelo.
A la kentia la adopté, la habían abandonado, estuvo en una tienda decorando un rincón, ya no servía y la echaron a la calle, la traje en coche desde otra ciudad, le expliqué que sería feliz a la sombra, sin vientos fuertes, que vería por fin el cielo y que oiría el rumor de la fuente, desde que llegó es feliz, lo noto porque da hojas nuevas y se ha vuelto de un verde azulado, como algunas veces las olas del mar.
Cuando terminé la obra, vino mi tío a ver la casa y me regaló una pilistra, "para tu patio chiquito", me dijo que era la planta de los patios andaluces, está detrás de la fuente, dobla las hojas hasta meterse dentro, como a mi, le gusta bañarse en el agua fría.
El ficus grande también llegó pequeño y asustado, aquí se hizo valiente. Ahora los pájaros se esconden entre sus ramas fuertes, tan altas que casi llegan al cielo.
Cuando estaba en el hospital, un poco antes de morir, mi madre me pidió varias cosas que intento cumplir cada día, (algunas no son nada fáciles) una de ellas era que cuidase del helecho que tenía en la cocina, "porque a tu padre no le gustan las plantas y seguro que se muere como yo"¡Claro que lo cuido, mamá! y con sus hojas cada vez más grandes y más suaves él también me cuida a mi.

Cuando el tiempo es bueno, incluso en algunas mañanas de invierno dejo abierta la cristalera para que las plantas entren en la casa y vivan conmigo, cuando hace frío nos separa el cristal, pero nunca nos cansamos de mirarnos.Yo sé sus historias y ellas conocen mis secretos.


lunes, 10 de junio de 2013

el silloncito de flores...



El silloncito de flores estaba en el vestidor de su dormitorio. Es un sillón capitoné, muy pequeño, de patas de caoba tallada, a esos silloncitos se les llamaba "descalzadoras", se usaban para ponerse o quitarse los zapatos. Estuvo en el dormitorio de sus padres y después en su primer dormitorio de casada. Decía que de todas las cosas que había en la casa esa era la que más le gustaba.
Ella se sentaba en el silloncito de flores a coser, a pintarse las uñas, a leer o a perder la mirada en los sueños que seguramente tuvo y que no se cumplieron. Parecía una niña sentada allí.
Está ahora en el salón de esta casa que mira al mar, nadie lo usa porque es demasiado bajo e incómodo, yo sí, me siento a coser, a limarme las uñas, a leer o cuando necesito perder la mirada en los sueños que tampoco se van cumpliendo. Yo también parezco una niña cuando me siento en él.
Dicen que el tiempo difumina la ausencia y el dolor de la muerte se suaviza. No siempre, a veces algún objeto, alguna palabra, algún olor, borra todo el tiempo y la ausencia vuelve y duele.
Sentada en el silloncito de flores querría tanto contarle las cosas que desde entonces lo le puedo contar a nadie, pedirle que me abrazara y que su fuerza me hiciese de nuevo creer en mi, oír su risa que borraba mis penas.

Hoy la necesito y su ausencia me duele, por eso en esta mañana azul, al silloncito de flores, le han caído algunas lágrimas.


viernes, 7 de junio de 2013

fragmentos...



Es el edén. Un cielo infinitamente azul. Un jardín al borde del mar. Pájaros que cantan, algunos se acercan a la orilla a picotear entre las algas. Sombra y luz, aire fresco.
Estoy aquí, en un fragmento del edén. Pero si amplío la mirada veré los edificios que dan a la carretera, el restaurante, las papeleras, las sombrillas, el puesto de helados, los coches aparcados, a lo lejos el puerto y la ciudad.
Con las personas, con las cosas, con los recuerdos también pasa, la belleza de un fragmento suele perderse en la totalidad. Me esfuerzo en encontrar fragmentos donde disfrutar la vida y quedarme en ellos lo más posible para ser feliz.

Es inútil y a veces doloroso querer abarcar más.

martes, 4 de junio de 2013

no tener ilusiones...


"Saber no tener ilusiones es absolutamente necesario para poder tener sueños.
Alcanzarás así el punto supremo de la abstención soñadora, donde los sentidos se mezclan, los sentimientos se desbordan, las ideas penetran las unas en las otras. Así como los colores y los sonidos saben los unos a los otros, los odios saben a amores, y las cosas concretas a abstractas, y las abstractas a concretas. Se rompen los lazos que, al tiempo que todo lo ligaban lo separaban todo, aislando cada elemento. Todo se funde y confunde."

324
 " El libro del desasosiego"
Fernando Pessoa.



Tumbada sobre las piedras en el minúsculo patio rojo, mirando el cielo lejano, enjaulado entre los muros altos, los sentidos se mezclan, como las hojas del prunus, del fícus y del jazmín. Los sentimientos se desbordan como las sombras, las ideas penetran las unas en las otras, los colores y los sonidos saben los unos a los otros. No hay odios, por eso los amores saben a amores. Se rompen los lazos como se deshilachan las nubes que pasan mirándome desde arriba. No sé si estoy triste o alegre. No tengo ilusiones para poder tener sueños.

Todo se funde y confunde...


domingo, 2 de junio de 2013

junio...



Junio ha empezado en alta mar. Las olas se abrían fácilmente en un susurro de espuma blanca, el viento era suave y fresco. Junio ha empezado brillando, como brillan los sueños o la esperanza, a destellos. Ha empezado sereno, dejando mis miedos y las penas en la orilla. Este junio ha empezado azul, mirando al cielo, en el mar.

Espero que siga así, entre la realidad y el horizonte.


viernes, 31 de mayo de 2013

la playa...




Cuando vengo a la playa no lo hago por la carretera de los pinos, bajo por la del río. Hoy lleva tanta agua (será el deshielo) que las cañas se doblan arrastradas por la corriente, tanta aqua (habrán abierto la presa) que he parado a tocarla, ¡qué fuerza tiene el río!
El temporal de poniente ha dejado la orilla limpia y el mar frío. Todavía no hay gente ni sombrillas en la playa, quizás  porque es temprano o porque aún no hace mucho calor.
Antes de nada me lanzo al mar, no puedo evitarlo, me llama y acudo, no me importa el frío ni que a las pocas brazadas me duelan los huesos, abro los ojos bajo el agua para mirarlo desde dentro, abro la boca para llenarme de él. Voy hasta el fondo, subo a respirar; bajo la superficie vuelo.
Corro por la arena y tiritando me tumbo al sol.
No sé que año es ni qué edad tengo, no sé dónde estoy ni qué tengo que hacer luego. Cierro los ojos, respiro el mar y sonrío.

Desde siempre estas mañanas solitarias en la playa me han curado las penas y me hacen feliz.






martes, 28 de mayo de 2013

la sombra nueva...



Cuando el sol se hace fuerte, la terraza, que está muy cerca del cielo, con el calor se quema,  yo paso las mañanas a su lado y comprendo que tanta luz le duela, por eso he inventado una sombra que la proteja. Tomé las medidas y cosí la tela como si le estuviese haciendo un vestido blanco a mi terraza en primavera.
Una vela al el viento (hasta la casa sueña que navega).
Me dio mucho miedo colocar los cáncamos, tan cerca del vacío, creí que no podría hacerlo sola, pero fui valiente, saqué fuerzas, me arriesgué y lo he conseguido.

Alegre y satisfecha he llenado de agua fresca la pilita de mármol para que los pájaros se bañen y beban, así, mi terraza y yo, podemos compartir con ellos la sombra nueva.



domingo, 26 de mayo de 2013

aquel dormitorio...



Aquel era un dormitorio pequeño en un piso de estudiantes, la cama, siempre deshecha, la ventana dando a un patio de vecinos, una mesa de estudio, un armario donde no cabía nada. Pasé allí muchas tardes y algunas noches. A cada hora le poníamos un color, a cada emoción, y a cada beso también. Aquel dormitorio se llenó de sueños y de promesas que no se cumplieron, de risas y de algunas lágrimas, allí decidí irme y no volver.
Dos pruebas de color de un grabado al azúcar, un trabajo de clase de aquel año de universidad, nada más, perdido entre muchos papeles viejos en una carpeta en el sótano. Ya no recordaba este grabado, ni aquel dormitorio, ni las luces cambiantes, ni quienes éramos los que estuvimos allí.
He olvidado tanto que me asusta, si no hubiese vivido aquellos días en aquel dormitorio hoy no sería quién soy, ni estaría aquí. Voy buscando el olvido, quiero olvidar tanto que me asusta.

Acabo de comprender que todo lo que me esfuerzo en olvidar es lo que me hace ser yo.


viernes, 24 de mayo de 2013

la higuera...



La higuera del cerro ya da sombra. Se ha cubierto de matorrales el sendero estrecho que bordea el río. Es la zarzamora la que pincha, no duelen al pasar ni los juncos ni las cañas. Por las acequias de piedra corre sin descanso el agua. Los huertos están repletos de limones, de nísperos, de naranjas, y el campo lleno de flores amarillas, violetas y blancas. Al subir al camino alto se ve la sierra nevada.
Aunque se lo quiero contar todo, yo sé que mi casa no entiende de palabras, por eso le he traído unas hojas de la higuera grande que huelen tan dulce como la infancia.

¡Con qué poca cosa se pone contenta mi casita blanca!


martes, 21 de mayo de 2013

la televisión...



Hacía muchos días que no encendía la televisión. Algunas veces pienso que es peligroso este aislamiento voluntario en el que voy viviendo, aislada incluso de las noticias. Dedico mi tiempo a vivir plácidamente en este mundo pequeño que me he creado, buscando la belleza pequeña que todo lo llena, viviendo lentamente, necesitando muy pocas cosas y aspirando cada vez a menos, incluso en las palabras o en los dibujos que hago veo que busco menos, o lo más esencial, y disfruto más. Pero hoy he encendido la televisión, he visto algunos de los problemas grandes del mundo grande, tanta gente que sufre, que lucha, que muere, he visto tantas angustias, discusiones, verdades que parecen mentiras y mentiras que parecen verdades. Me he sentido tan aturdida, avergonzada quizás.

Yo había pasado esta mañana de primavera lluviosa dibujando con tinta y palillo las ramas rotas que la tormenta ha dejado en el patio rojo...


domingo, 19 de mayo de 2013

el comedor...



Yo fabriqué la mesa, cuando terminé la obra de la casa, pasé mucho tiempo en las habitaciones imaginando los espacios. El comedor tenía que ser un espacio versátil, era donde tendría que dibujar o escribir, pero también era donde reuniría algunas veces a los amigos o a la familia. Estudié las medidas y durante un tiempo tuve un tablero sobre unas cajas para comprobar que el tamaño  y la altura de la mesa eran las precisas, después fui a una carpintería e hice cortar las piezas, las ensambló el carpintero, cuando me trajo la mesa se reía mucho de mi porque decía que parecía un trono y que no serviría para comer. Estoy acostumbrada a oír todo tipo de críticas a las cosas que hago y he aprendido a reírme también. Entonces pinté la mesa, tardé toda una semana, primero una imprimación en esmalte rojo, después pan de oro y pátinas. Yo había comprado un sofá en un anticuario hacía mucho tiempo, era tan pequeño porque entonces vivía en un estudio que no admitía nada de proporciones normales. Tiendo a enamorarme de las cosas (y de las personas) que me hacen feliz y me enamoré de ese pequeño sofá rojo. También tiendo a abandonar las cosas (y las personas) que no me hacen feliz, aunque sean hermosas o valiosas. Tenía que encontrarle un sitio a ese sofá y lo puse junto a la mesa, así las sobremesas se convierten en tertulias o cuando desayuno sola lo hago en ese sofá tumbada mientras leo o simplemente miro la luz de la mañana.
Es el comedor, con la mesa dorada, el sofá rojo, las sillas tapizadas en brocado, el espejo que me regaló mi padre cuando tuve mi primera casa y que duplica el espacio haciéndolo un poco mágico, la lámpara de nácar, las velas.
Como todos los espacios va llenándose de vida y recuerdos, algunas veces lo miro entre las sombras soñando otras cenas que haré, otras conversaciones, otras risas, otras miradas.

En todas las esquinas de la vida quedan cosas por vivir.


jueves, 16 de mayo de 2013

el pasado...



Estoy de nuevo en el pasado aunque no quería volver.
El pasado está frente al mar, ya lo dije, hay una pequeña carretera que lo separa del monte, en la esquina está  la misma casa derruída con su gran jazmín que solía tener flores todo el año, también lo dije, yo siempre corría a coger jazmines que me metía en los bolsillos, ahora lo han cortado y sólo queda el tronco viejo. Espero que florezca otra vez, nunca se pierde la esperanza. El pasado sigue estando envuelto en mar y cielo, las olas rompen sin descanso, es curioso, en su infinita rutina las olas no encuentran monotonía,
En el pasado siguen estando las piedras en la playa, las pitas con sus flores rojas, los muros encalados y los manteles de cuadros, pero ya no son iguales los sueños ni los recuerdos, no hay jazmines ni ilusiones sobre la mesa. Por eso no quería volver.

El pasado y las olas se van rompiendo en espuma blanca.




martes, 14 de mayo de 2013

el torcal...



El torcal es un bosque de piedra al norte de mi ciudad. Adentrarse en el torcal es peligroso si no se siguen los senderos marcados con flechas de colores pintadas en las rocas. Es como caminar por una ciudad extraterrestre, o por un castillo interminable dentro de un sueño, o entre las entrañas de una increíble escultura gigante.
Si voy al torcal procuro no alejarme de las flechas que indican el camino, aunque ahora va mucha más gente y pienso que si uno se perdiese al gritar alguien lo podría ayudar.
Pero entonces, cuando yo era muy niña, sólo los aventureros iban al torcal.
Habíamos ido de excursión toda la familia, mi padre, más prudente, se quedó con mis hermanos en el camino, pero mi madre y yo nos alejamos atravesando un desfiladero porque habíamos oído rumor de agua y queríamos encontrar el río. No supimos volver al sendero, nos perdimos entre las paredes de roca. Subíamos y bajábamos por las piedras, mis manitas de niña se arañaron y sangraron un poquito. Teníamos frío, mi madre tendría mucho miedo aunque me hacía reír y me hablaba de la maravillosa aventura que estábamos viviendo.
Anocheció, gritábamos las dos a la vez para gritar más. Teníamos hambre y sed. Bajo una piedra que nos protegía del viento mi madre me abrazó muy fuerte y me dormí tranquila sintiendo sus besos pequeños sobre mi frente.
Nos encontró la guardia civil al día siguiente, no habíamos oído los disparos ni las bengalas que lanzaron durante la noche intentando localizarnos. Mi padre estaba muy nervioso, creo que antes de perdonarnos nos regañó mucho, sobretodo a mi madre, le decía que lo iba a matar a disgustos.
Mi madre, como una niña mala, reía y me miraba cómplice orgullosa de la aventura que habíamos vivido. Yo no fui consciente del riesgo ni del peligro, al poco tiempo ya había olvidado el frío y el hambre.

Ahora, de aquella noche perdidas en el torcal sólo recuerdo sus besos pequeños en mi frente y el latido de su corazón.



sábado, 11 de mayo de 2013

el don...



Era una de esas personas con un halo de misterio. El ritmo de su vida no era muy distinto al de los demás. Trabajaba, tenía familia, amigos, penas y alegrías, algunas desgracias en su vida, como tenemos todos, algunos golpes de suerte. Tenía recuerdos, fracasos, sueños y sueños rotos, como tenemos todos. Pero en algo trascendía su misterio. Yo lo observaba con curiosidad intentando descubrir su secreto, esa sensación de constante serenidad, como si alguna felicidad oculta y muy superior lo llevase en volandas por la vida.
Al cabo de los años, cuando envejeció, seguía siendo igual y ese halo lo hacía hermoso a pesar de las arrugas y de los achaques de la edad.
Ahora creo que lo sé,  simplemente tenía un don que tienen muy pocas personas y que yo persigo.

El don de apreciar las cosas mientras suceden.


jueves, 9 de mayo de 2013

una mañana de primavera...



Aunque lo normal sea el asfalto y el ruido, la tecnología, las cosas cada vez más lejanas, más difíciles y más frías (las personas también). Aunque se dependa tanto de tantas cosas que parece que nunca son suficientes. Por mucho que el mundo intente hacernos creer que ya dominamos y controlamos la vida, hay momentos, especialmente en primavera, en los que algo primitivo dentro de nosotros nos hace comprender que seguimos siendo parte de la naturaleza y que como el jazmín y la bisnonia, el prunus o la hierba buena, es posible renacer. Como los pájaros es posible, sin motivo aparente, levantarse contento y cantar.

En una mañana de primavera el patio rojo, tan pequeño, tan poca cosa, es un paraíso donde volar.


martes, 7 de mayo de 2013

las estatuas...



Soy muy antigua, de esa generación que aprendió a dibujar estatuas.
A los diez años, después de mucho insistir y jurar que estudiaría aún más y que sacaría aún mejores notas, conseguí que me matricularan en la Escuela de Artes y Oficios de mi ciudad. Entonces estaba en un hermoso edificio del centro, era la misma Escuela de Artes donde había dibujado Picasso de niño.
Después del colegio, con mi uniforme azul y mis libros, iba caminando sola por la ciudad y entraba emocionada en aquel aula vieja llena de estatuas. Mi padre me regaló una cajita de madera que había sido de mi abuelo Antonio, el pintor, el que se fue porque era demasiado artista para quedarse, con el que siempre soñé porque todos me decían que me parecía a él y que mis ojos verdes eran como los suyos.
En esa cajita mágica llevaba los carboncillos, los trapos, la plomada, que también me hizo mi padre, los lápices y los difuminos.
Soy muy antigua porque aprendí a mirar las estatuas sabiendo que en aquellos cuerpos de escayola desnuda estaban todas las respuestas a las preguntas que aún no sabía formular.
Soy muy antigua porque aunque no llegaba a la parte alta del tablero y me tuvieron que proporcionar un banquito de madera donde subirme, dibujaba con los dedos y con el alma. Mi vida antigua eran las horas esperando que llegase el momento de dibujar, como lo hacíamos entonces, con el cuerpo y con el corazón hasta hacer que las estatuas viviesen en el papel.
Ahora yo enseño en la Escuela de Artes y en el aula siguen estando las estuatuas, ya nadie las utiliza para enseñar a dibujar, dicen que eso ya no sirve en este mundo en el que vivimos, los alumnos no las miran, no saben abandonar la pantalla del ordenador.
Soy muy antigua, está claro. Hoy con toda mi ilusión antigua he traído la cajita de mi abuelo y en las horas libres, sola en el aula, me he puesto a dibujar estatuas. He vivido de nuevo la antigua satisfacción y la felicidad.

Ahora estoy escribiendo desde la mesa del profesor, con una sonrisa y los dedos manchados de carbón.


lunes, 6 de mayo de 2013

lunes de mayo...



En esta otra casa que habito los amaneceres son más claros y el horizonte está más cerca. Es cierto que no hay tanto silencio ni tantos pájaros, tampoco hay tanta soledad ni tantos ladridos de perros, no hay gallos que canten en mitad de la noche ni campanas de iglesia. Pero en esta casa se respira el mar y el sol lo inunda todo, inunda la cama, el baño, el salón, la alfombra roja, la cocina. Como solo estoy en esta casa los lunes por la mañana disfruto mucho de todas las cosas y los colores, me paseo descalza deteniéndome en rinconcitos o detalles que había olvidado para volverlos a descubrir, hago lo mismo cuando estoy en la habitación de un hotel, por eso en esta casa algunas veces me creo extranjera, imagino que estoy de paso y que no volveré nunca más, entonces todos los movimientos se hacen más lentos, la percepción se agranda y las emociones se suavizan, hasta lo más pequeño adquiere otro significado, como en un ritual.

Lunes de mayo.

viernes, 3 de mayo de 2013

tu mano...



Podría dormir dentro de tu mano porque soy pequeña y tú eres inmenso.
Cuando miro tus manos, sin que tú lo sepas, creo que nada malo puede pasarme. Tus dedos entonces me rodean y yo, que soy débil, me pierdo y en ti busco refugio. En tus manos, que acaricio sin que tú lo sepas, encuentro calor cuando tengo frío. En tus manos finalmente puedo cerrar los ojos. En tus manos respiro si me ahogo.
Después te olvido y me hago grande. No te busco, no puedo sentir miedo ni frío, no me escondo. Soy fuerte cuando te olvido.

¿Por qué sino cada día intento olvidarte?




miércoles, 1 de mayo de 2013

mayo...



Mayo ha empezado con tanta luz y tanto azul que todo parecía de agua cristalina, o todo de aire frío, o todo de cristal.
Ayer aún nevaba en las montañas que abrazan la costa, porque la aman mucho. Como una ola que rompe en la orilla, las cumbres rompían la espuma de la nieve y las nubes blancas.
Yo me he lanzado al mar helado, no he podido evitarlo, tendré en mi naturaleza algo de sirena que renace en el agua salada.
El barco navegaba, contento también, ciñendo suavemente contra el viento.

Mayo ha empezado azul y feliz.



lunes, 29 de abril de 2013

las figuras imaginarias...



"Las figuras imaginarias tienen más importancia y más verdad que las reales.
Mi mundo imaginario fué siempre el único mundo verdadero para mí. Nunca tuve amores tan reales, tan llenos de vigor, de sangre y de vida como los que tuve con figuras que yo mismo creé. !Qué locura! Tengo saudades de ellos, porque igual que los otros, estos pasan también..."

Fernando Pessoa.
"Libro del desasosiego"
-415-

Él escribió lo que yo siento...


domingo, 28 de abril de 2013

la niña chica...



Algunas cosas que ya se habían olvidado y que se volverán a olvidar, tienen la capacidad de trasladarnos en el tiempo. Hacia atrás, claro, muy atrás.
En una mañana de domingo las olas rompen con furia en la orilla, el viento arrasa. Tu perra corre por la arena persiguiendo gaviotas y tú subes sin pensarlo a un columpio de la playa. Vuelas, vuelas muy alto, (a tu edad) y ríes...



eres de nuevo la niña chica...

jueves, 25 de abril de 2013

el tiempo perdido...



Es inútil buscarlo, el tiempo perdido no se volverá a encontrar jamás, se disuelve y desaparece, sólo en la memoria algunos bucles de recuerdos intangibles hasta que terminan por deshacerse.
Los grandes héroes que salieron a buscar el tiempo perdido regresaron llenos de palabras, no de tiempo.
No hay nada que me asuste más ni que me dé más placer que ser consciente del tiempo que voy perdiendo.
Dulcemente lo dejo correr entre los dedos, como se deja correr el agua cuando fluye, esa es su esencia y su belleza.

He aprendido a definirme por la calidad del tiempo que pierdo.


martes, 23 de abril de 2013

mi estudio...


En la primera planta está el dormitorio (de los sueños hablaré otro día) y en la planta alta el estudio, da al sur, un ventanal grande lo separa de la terraza donde tengo un naranjo pequeño, romero y un jazmín, en la terraza es donde en verano me tumbo a mirar estrellas. Como la casa está en una calle pequeña de un pueblo pequeño hay mucho silencio, sólo se oyen los pájaros y cuando hace viento las ramas de los árboles. Algunos días oigo música aunque casi siempre prefiero el silbido suave del silencio.
Subo al estudio después de la ducha fría con mi taza de café y paso todas las horas de la mañana inmersa en una especie de "dolce far niente" que me llena de felicidad. Casi nunca tengo nada concreto que hacer y cuando lo tengo lo resuelvo rápido, así que salto sin orden de una lectura a otra, de un pensamiento a otro, de un dibujo sin terminar a un libro de pintura y me recreo en cosas pequeñas, aparentemente sin importancia pero que suelen darme la clave de las cosas y el sentido al seguir viviendo.

Mi estudio está muy lejos del mundo real y muy lleno de mí, me siento muy afortunada de tener ese espacio pequeño y luminoso donde pasar las horas y perder el tiempo.


sábado, 20 de abril de 2013

la casita...



Se entra directamente desde la calle, eso al principio no me gustó, siempre me ha parecido que entrar en un espacio es como cambiar de dimensión y no se debe hacer demasiado bruscamente. Sin embargo ahora me encanta, abro la puerta y entro en otro mundo, dejo fuera la calle estrecha, la vida gris, las palabras, los miedos, lo dejo todo y entro. Tres metros de ancho por doce de largo, más los dos metros del patio diminuto tras el cristal que le da la luz y la vida. Ese patio con su pared roja, su fuente (diminuta también) y sus plantas que no tienen miedo de crecer en busca del cielo, es un ejemplo de vida, no se puede usar más que para ser disfrutado visualmente pero sin él todo sería vano, inútil, no funcionaría nada sin ese espacio que no tiene otra misión que la de dar la luz y la vida. Creo que hay personas y cosas así, pequeñas pero que son las que dan luz o sentido a la vida.
Hay una chimenea a la izquierda y en frente el sofá, hay un equipo de música, y la cocina de juguete, una mesa con cuatro sillas (creo que nunca se han usado las cuatro a la vez). después la escalera que baja al sótano donde tengo la leña que enciende el fuego en invierno y los trastos que uno cree que son necesarios tener, la escalera también sube hacia los otros espacios que me acogen y que me consuelan, como me acogía mi madre entre sus brazos y me consolaban sus besos callados.




Subiremos a la primera planta otro día.



jueves, 18 de abril de 2013

ángeles...



Si te mueves bruscamente se aleja de ti y se calla cuando hablas, "en ese otro espacio donde ellos habitan sólo los silencios significan". Él existe para estar contigo, ¿no has comprendido aún que los efímeros momentos de felicidad que te sorprenden no son más que sus alas al rozarte dulcemente?. A tu ángel no le importa el paso del tiempo, no lo entiende, contento envejece junto a ti, no se preocupa por todas esas cosas que tú crees importantes, está alegre cuando tú, mira por donde pisas y aunque lo intenta no sabe apartar las piedras de tu camino.
Se manifiesta algunas veces en tu gesto distraído, en tu sombra, en el agua que bebes, entre las notas de algunas músicas que te estremecen.

En el hilo que sin darte cuenta llevas cosido al corazón.



 

martes, 16 de abril de 2013

en tarifa...



En Tarifa hay un jardín antiguo de árboles enormes, no tiene muchas flores, sólo en algunos macetones de barro crecen petunias o pensamientos, pero las palmeras y los eucaliptos se enredan en el cielo, hay plataneras y cañas, romero, tomillo y algunas otras hierbas aromáticas buscando las esquinas donde llega el sol. Entre los senderos umbríos algunos jazmines y una dama de noche beben de las fuentes que se oyen sólo cuando el viento se calma y deja tranquilas las hojas y las ramas, entonces también se distinguen el canto de los pájaros y el rumor de las olas.



Caminar por ese jardín que termina en el mar es como caminar por el paraíso.


domingo, 14 de abril de 2013

tarifa...



En las dunas hay soledad y flores amarillas, el cielo inmensamente azul, el mar es verde cerca de la orilla donde rompen las olas en espuma blanca. La arena es muy suave hasta que el levante se hace cruel, entonces vuela y duele en la piel como duele la añoranza o la pena en el corazón. En la línea del horizonte se dibujan las montañas de África como si se pudiese llegar a nado. Por las noches, allí en el estrecho, las estrellas son más y más grandes, no están tan altas y llenan el aire, tanto que pueden respirarse. Cuando voy a Tarifa me lanzo al mar aunque no haga calor y vuelo sobre las olas, corro por las dunas y río, me entierro en la arena dulce. Por las noches respiro estrellas.

Hay lugares que hacen feliz, no importa el tiempo que pase, por eso uno siempre quiere volver. Este fin de semana he estado en Tarifa, he sido feliz.


sábado, 13 de abril de 2013

misterio...



Ayer me preguntaste si sueño aún, te dije sí, sueño. "Nada ni nadie que no nos haga soñar interesa". Somos dos mirando un sueño, ¿un diálogo por fin?, la luz nace del misterio. Miramos sin mirarnos hasta que las palabras se nos acercan en círculos, nos llegan a los pies, después nos cubren el cuerpo y nos sellan los labios.
Yo querría lanzarme al sueño o al misterio, me arrodillo para mirar, tú dices que dudas, nos separa el mundo, ya no dices nada más, ni tu nombre.

La obra es de Cayetano Romero, las emociones son mías. (Es una de esas pieza que aún hace soñar).




viernes, 12 de abril de 2013

preguntas y respuestas...


¿Caminas alegre? ¿Miras el cielo? ¿Respiras profundo? ¿Te ha sorprendido la primavera? ¿Sonríes? ¿Sueñas aún?

¿Crees que eres feliz?

Caminas alegre. Miras el cielo. Respiras profundo. Te ha sorprendido la primavera. Sonríes. Sueñas aún.

Crees que eres feliz.



miércoles, 10 de abril de 2013

rené...



Teníamos un monito que vivía con nosotros como un hermano más, mi madre le hacía ropita diminuta y lo vestía por las mañanas, a veces pensé que lo quería más que a mi porque tardaba más en vestirlo a él; por las noches lo metíamos en el baño y le lavábamos el pelo con nuestro champú, cuando se mojaba se quedaba tan delgado que parecía un lápiz y nos reíamos mucho. Se llamaba René. Dormía con mi hermana pequeña que era entonces un bebé, René la cuidaba y la protegía, si alguien se acercaba a ella él se ponía a la defensiva y gritaba, si ella lloraba o había que hacerla dormir bastaba con llamar a René y él la tranquilizaba. Robaba cosas y escapaba, se subía a las cortinas y las lanzaba desde allí. Tenía una casita preciosa que le hizo mi padre, sobre una gruesa caña de bambú, era de madera, a dos aguas con una especie de terraza donde René se sentaba a mirarnos, si se sentaba de espaldas significaba que estaba enfadado o triste. Si a alguien se le perdía algo íbamos a su casita y seguramente lo encontrábamos allí, debajo de su manta o entre sus juguetes. Por la noche se abrazaba al cuello de mi padre o se subía sobre su cabeza cuando caminaba. Yo adoraba a René, no me cansaba de mirarlo ni de estar con él, aprendí su lenguaje y él el mío.
René murió, seguimos creciendo rodeados de animales, todo tipo de animales, la vida cambió, nos hicimos grandes, nos fuimos de casa. Ahora todo es un recuerdo y los recuerdos se difuminan inevitablemente.
Hoy es el cumpleaños de mi hermana, no sé si ella recuerda a René.

Hay días de nostalgia. Hoy también es mi cumpleaños y aquí estoy, buscando en la nostalgia y regalándome recuerdos.


lunes, 8 de abril de 2013

la noche...



La noche se va retrasando cada día. Ahora al salir de clase hay colores en el cielo, ya hay aromas en el cielo, subo por la avenida que hace sólo unos días era negra y dura, larga y fría como el invierno. Han florecido los jacarandá, el asfalto es más blando y la vida parece más suave. Camino mirando la silueta de las palmeras y el cielo, mis pasos son también más blandos y más suaves.  

Como los jacarandá mis pensamientos dejan caer pétalos violetas.




domingo, 7 de abril de 2013

miamar...



Entonces hizo para mi un barquito de papel, sabía que lejos del mar no puedo vivir.
En aquellos montes un río fluye hasta el fin del mundo.
Me preguntó si me atrevía a dejarlo ir, como se deja ir la vida. Yo dudé.
Antes de lanzarlo a la corriente helada le pusimos mi nombre.

Lejos del mar no sé vivir y me dejó ir, como se deja ir la vida.



jueves, 4 de abril de 2013

caballos rojos...



Hace poco, después de una cena entre amigos, me dejé llevar por la pasión en el sentir y el hablar, (me pasa a menudo y después me arrepiento casi siempre), estaba hablando de lo que habían progresado mis alumnos, me siento muy orgullosa y comencé a enseñar fotos de los dibujos que hacían hace sólo unos meses y de los que hacen ahora, alguien al verlos dijo que no parecían reales. Como estoy acostumbrada a arrepentirme cuando me dejo llevar por la pasión en el sentir y el hablar respondí que sí, que tenía razón, que no eran reales, dejé de enseñar fotos y cambié de tema, pero me quedé pensando que es justo eso lo que intento enseñarles a mis alumnos. Hay una anécdota que repito en clase, porque antes de aprender es normal que ellos pretendan hacer dibujos que parezcan reales sin comprender aún los otros parámetros que les intento transmitir.
En una exposición un crítico de arte le dijo a Matisse, "¿Dónde se han visto caballos rojos con la crin azul?."  Matisse contestó, "Señor, ¿no se ha dado usted cuenta de que lo que está mirando no son caballos? Éso es un cuadro".

Estoy aprendiendo a no dejarme llevar por la pasión en el sentir y el  hablar, no siempre lo consigo, pero nunca es tarde para aprender, o al menos para intentarlo.



miércoles, 3 de abril de 2013

casas rotas...



Las casas se rompen y se van muriendo de pena cuando se abandonan. Las almas se rompen al abandonarse a si mismas heridas de pena también.

Qué tristeza cuando uno ve una casa o un alma abandonada frente al mar.


martes, 2 de abril de 2013

almas...



Hay almas rotas. No siempre estuvieron así. Hubo un tiempo en que fueron fuertes, o lo parecían, eran brillantes como joyas (no hay nada que brille más que un alma cuando brilla). Justo antes de romperse sonaban a cascabeles o risas.
Algunas almas rotas son como las casas rotas, al verlas uno se imagina o sueña cómo fueron antes de romperse, cuando estaban llenas de ilusiones o de amores que aún no se habían roto tampoco. Las llenaban flores y cortinas vaporosas, había quién se preocupaba de lavar el suelo y los cristales o de cuidar el jardín.
Después el viento o el tiempo vaciaron esas casas, rompieron las almas y sólo el olvido recuerda aquellos amores rotos.
Al ver una casa rota yo siempre (o casi siempre), deseo arreglarla, devolverle la vida, imagino o sueño que la hago brillar y que se llena de nuevo de ilusiones y de amores. Pintar de blanco la tapia, cuidar el jardín, lavar el suelo, poner cortinas.

Lo malo de las almas rotas es que son mucho más difíciles de identificar y cuando se encuentran, de volver a hacerlas brillar.


sábado, 30 de marzo de 2013

cosas prácticas (dos)...



Seguramente es muy práctica una batidora en la cocina y un congelador, es muy práctico un suelo de baldosas de gres, fácil de limpiar, la madera no es práctica, pero andar descalzo da alegría y felicidad. No es práctico poner flores en los jarrones, hay que cambiarles el agua y se marchitan siempre al final, pero la flores en los jarrones ayudan a decorar la vida y dan también alegría y felicidad. No es nada práctico encender la chimenea si se tiene otro modo de calentar, pero creo que en una noche de invierno no hay nada que dé más amor y felicidad. Dicen que es muy práctica la comida precocinada, los platos de plástico y los manteles de papel, todo de usar y tirar, no lo sé, pero si tengo que celebrar algo quiero pensar en qué comeremos y cocinar, quiero lavar los platos, encender las velas y poner los vasos de cristal. Dicen también que es muy práctico y cómodo un chandal, tampoco lo sé, nunca he tenido uno, pienso que vestirse es un modo de ser y de hablar. Es muy práctico llevar el pelo corto, vivir cerca de donde se trabaja e ir frecuentemente al médico, por prevenir. Es práctico ser prudente, conformarse, no perder el tiempo, ni soñar ni jugar.

Tal y como lo siento no es nada práctico vivir ni disfrutar.

(En la foto el baño de mi casa, nada práctico, sin azulejos, con el suelo de madera, libros y cuadros y con un gran pie de escayola que me recuerda que amo el arte (nada práctico) y que tengo que avanzar)


jueves, 28 de marzo de 2013

cosas prácticas...



Últimamente camino más, voy al monte o a la playa y me pierdo algunos días entre las calles de la ciudad, pero no tengo zapatos deportivos, nunca los uso, salgo valiente al campo o salto por las rocas de los acantilados con mis botitas de horma tejana, o con las otras, las de ante marrón; en verano uso sandalias y llevo siempre algún collar, un anillo de granate y los labios rojos. Cuando estoy sola en casa también llevo algún collar, el anillo de granate y los labios rojos, pero en casa voy descalza aunque dejo siempre unos zapatos de tacón cerca del sofá, algunas veces me los pongo cuando me levanto, doy algunos pasos como si bailase, sonrío y me los vuelvo a quitar.

De entre las cosas que hacen un poco más hermosa y creíble la vida, de entre esas que dan felicidad, hay muchas que evidentemente no son nada cómodas ni prácticas.


martes, 26 de marzo de 2013

río rojo...



Tú quieres que fluya el río rojo, que arrastre, que truene, que encuentre un remanso y luego siga, ¿siempre?. Tú quereres que pase entre las rocas, que se convierta en una línea leve como una lágrima, llanto rojo, suspiro rojo y que crezca otra vez. Tú quieres lanzarte. Quieres espumas y olas, atravesarlo todo. La tierra roja, las nubes rojas y la piel.

Yo bajé por el río rojo y he llegado al Mar.




domingo, 24 de marzo de 2013

primavera...



Tengo en la cocina un cuadernito pequeño de pastas duras donde escribí las recetas de mi madre. Aún recuerdo aquellas tardes, nos sentábamos en la terraza y ella me iba dictando las recetas de los platos que solíamos comer. Entonces yo pensaba que algún día tendría hijos a los que querría hacer el pudding en navidades, la sopa de rape, el bacalao o el aspic. Mientras escribía las recetas, entre risas, le decía a mi madre que les hablaría de ella a mis hijos para que no muriese nunca y ella se sentía feliz. No he tenido hijos y casi nunca cocino, aunque algunas veces abro el cuadernito y leo sus recetas, como si leyese un cuento o la historia familiar.
Hoy para celebrar la primavera he decidido cocinar, he disfrutado mucho cortando la cebolla, triturando las almendras y cociendo el pescado, con todo el cariño del que he sido capaz he hecho una comida como las que hacía mi madre, de las de verdad.

Antes de poner la mesa salí contenta a buscar unas flores en el prado que hay detrás.


viernes, 22 de marzo de 2013

22 de marzo...



El 22 de marzo mi padre cumple años, hoy. Fue el día en que murió su madre y desde que se hizo viejo él piensa que en éste día se va a morir. El año pasado lo pensó tan fuerte que casi fue verdad, después le soltó la mano a la muerte y la dejó ir, yo también la vi alejarse y dejarlo aquí un poco más.
Es viejo mi padre pero sigue siendo guapo, tiene ese tipo de belleza y elegancia que no pasan con los años porque no dependen de la edad. Me gustan sus manos, sus ojos verdes, su postura, su forma de vestir y de hablar. Me sorprende sobre todo cuando lo veo de lejos, si no fuese mi padre también lo miraría porque es especial.
Suele estar triste, no porque sea viejo, siempre fue así, es una tristeza suave, aprendida quizás, la trae de lejos como su buen gusto, su gran conocimiento del arte, sus gestos o su forma de callar.
Va siempre con Don Pío, su perrito, su compañero, dice que lo quiere con toda su alma, es una frase que repite, a mi también me quiere con toda su alma y me lo dice cada día, no conozco a nadie que diga tan a menudo "con toda mi alma", en realidad no conozco a nadie que hable del alma, es una palabra antigua, olvidada, grande y hermosa que me hace pensar en él.
Pienso mucho en él, en mi padre, cada vez pienso más en él y me asusta porque lo pienso como a un recuerdo, eso pasa con las personas viejas, uno no se atreve a pensarlas más allá.
Cuando estoy a su lado suelo sentir calma. Le gusta enseñarme tesoros que nunca he visto, los va sacando misteriosamente de los cajones, ¿cómo puede tener tantos tesoros escondidos?, un anillo, un camafeo de mi abuela, una talla en nácar, una cruz de plata, un collar. Todo me lo ofrece y a todo le digo que no porque yo sé que disfruta volviéndolo a guardar.
Hoy entre los tesoros ha encontrado un dibujo mío de hace muchos años. Una de las muchas acuarelas que he hecho de Venecia con góndolas, San Marcos al fondo y el gran canal, le ha dado la vuelta y he leído: "22 de marzo de 1999, éste año no puede ser pero te prometo que te llevaré a Venecia conmigo. Felicidades, papá".
Yo había olvidado ese dibujo y esa promesa (¿cuántas promesas habré olvidado?).
Con su dulce tristeza me ha dicho: "ya no iremos a Venecia".

Pero te llevaré siempre en mi, vaya donde vaya, porque te quiero con toda mi alma.
Felicidades, papá.


martes, 19 de marzo de 2013

los deseos...


Hoy amaneció muy gris y de nuevo frío. Yo había deseado mucho un día de sol que me diese alegría.
Extrañamente no me sentí desilusionada ni triste; al ver las nubes sonreí y me acurruqué entre las sábanas. Cuando bajé a hacerme el café me alegré de ver las gotitas de lluvia caer en la fuente. No eché de menos el sol cuando caminé por la calle húmeda siguiendo el rastro de los naranjos que ya tenían azahar.
Hoy tengo la sensación de haber aprendido algo muy importante.

Aunque había deseado mucho me sentí muy feliz al ver que mi deseo no se cumplía, no son los deseos los que dan la felicidad.



domingo, 17 de marzo de 2013

adelfos...





"Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron,
soy de la raza mora, vieja amiga del sol,
que todo lo ganaron y todo lo perdieron,
tengo el alma de nardo del árabe español.

Mi voluntad se ha muerto en una noche de luna
en la que era muy hermoso no pensar ni querer..."

Adelfos
(Manuel Machado)


Me asomé por el hueco en una muralla de la Alhambra. Vi toda la historia y lo comprendí todo.
Me vinieron a la memoria aquellos versos aprendidos en la infancia - entonces aún no sabía el por qué -

era muy hermoso no pensar ni querer.





jueves, 14 de marzo de 2013

ilusiones...


Pequeñas ilusiones...
Que los días se vayan haciendo más largos y al salir de clase vea el cielo todavía un poquito azul o violeta.
Que cuando llegue la primavera por las mañanas pueda ir al mar, nadar en el agua fría y tumbarme sobre la arena caliente. Acariciar a mi perra que es suave. Descansar que es dulce. Al estar con amigos que surja la risa que es alegre. Mi patio pequeño con su fuente que es fresca. Mi casita blanca. El mar es una pequeña ilusión infinita.
Grandes ilusiones...
Comprender, aceptar, perdonar. 
Comprenderme, aceptarme, perdonarme. 
No perder la curiosidad ni las ganas de aprender. Jugar. Respetar, dar, admirar, callar, reír, amar.
Ilusiones enormes...
Equilibrio, serenidad. Alegría. Amor.

(La pequeñas ilusiones son adjetivos. Las grandes ilusiones son verbos. Las ilusiones enormes son sustantivos). 
Las voy a escribir en un papel, como se escribe una carta, y  las lanzaré todas al mar para que lleguen lejos.