sobre las cosas del vivir



jueves, 19 de abril de 2012

grande...



Grande, fuerte, lejano, impresionante.
Y yo pequeña, soñando su respiración sobre mi, su fuerza sobre mi.
Quieto. Para siempre. Soy yo, pequeña, la que lo busco, lo rodeo, me acerco, alzo la mano para tocarlo suavemente, con temor, no quiero que note mis dedos sobre su fuerza fría. No se si me ve, no se si me verá algún día, no se si sabe que lo miro desde abajo, que me pregunto de dónde vino, qué vivió, qué manos lo han tocado antes de la mía. 
Quiero perderme en él, montar en él, que me lleve lejos, que me salve del aburrimiento y del silencio. Abrazarme a él y olvidar.

En aquel museo me enamoré de aquel caballo grande. Otro gran amor imposible.

miércoles, 18 de abril de 2012

ángeles...





Tu ángel se queda en el inicio
y sólo para ti abre la puerta
Tú comprendes sin más
que ningún vacío está vacío.

Jean- Claude Renard


Mira distraídamente a tu ángel, está allí, a la sombra, esperando que lo reconozcas, acompañándote siempre, susurrando tu nombre que es el suyo. Si en algún momento piensas que se ha ido es porque tú has cerrado tu alma o porque intentas mirarlo de frente, entonces se avergüenza y se esconde. Míralo con dulzura, de reojo, no lo busques, no le preguntes ni le mantengas la mirada.

Como tú, él también va cumpliendo años y es quién mejor te conoce.

martes, 17 de abril de 2012

los parques...



"La vida es extrañamente fácil y dulce con ciertas personas de gran distinción natural, inteligentes, afectuosas, pero capaces de todos los vicios, aunque no ejerciten ninguno públicamente y no se les pueda atribuir con certeza ni uno solo. Tienen algo de sutil y secreto. Además su perversidad da algo de excitante a las ocupaciones más inocentes, como pasear de noche por los parques."

(Marcel Proust, "Los placeres y los días")

¿dónde están esas personas a las que la vida les es extrañamente fácil y dulce? ¿quién es capaz de todos los vicios? ¿quién es inteligente, afectuoso y perverso? ¿quién hace excitantes las ocupaciones más inocentes? ¿quién pasea de noche por los parques?

Los parques que recuerdo siempre están bañados por la luz del atardecer.

domingo, 15 de abril de 2012

feliz...




Feliz, eso es todo. Feliz por segundos, a sorbitos de té. Feliz por horas algunas veces, me sentía feliz a su lado, eso era todo. Me hicieron feliz sus palabras o sus gestos, hubo un momento en el que le brillaron los ojos y me hizo feliz. No pude decírselo porque era feliz, eso era todo, ya no cabía nada más. Su sonrisa me hizo feliz, tenía una sonrisa preciosa. Me hacía feliz.
Ahora me hace feliz recordar, a sorbitos de té, cómo me sentí feliz a su lado, eso es todo.

Está claro que todo nunca dura mucho, si no se llamaría de otra forma y ya no haría tan feliz.

viernes, 13 de abril de 2012

él...




Era él. Su mirada era triste. Su caminar lento. Casi siempre era invisible. En clase yo estaba absorta en mi dibujo y de repente él me tocaba el hombro. Se había convertido en una costumbre, él me tocaba el hombro sin decir nada y yo me asustaba siempre, entonces reíamos los dos. Yo más, él reía en silencio. Todo lo hacía en silencio. Pintaba en silencio, bromeaba en silencio, incluso hablaba en silencio. Tenía unas manos preciosas manchadas siempre de pintura o de barro, también llevaba la ropa manchada de pintura o de barro. Solía quedarse absorto mirando un cuadro, el cielo o el fluír del río. Después desapareció en silencio.
Este es un autorretrato que me regaló en silencio, antes de irse.
Quizás no tenía que haber escrito nada sobre él porque todo, absolutamente todo, lo dice su dibujo.

Cuando un dibujo o un cuadro dice mucho más que una foto o que todas las palabras.

jueves, 12 de abril de 2012

recuerdo...



Encendí una luz azul, que no era azul, pero así la quiero, azul, desdibujada, rota como el recuerdo. Aquella única noche.
Toda una noche de primavera.

De otra primavera.

martes, 10 de abril de 2012

las cosas reales...




Había un lugar donde sucedían las cosas reales.
En el pasado, cuando la vida era ordenada y existía la continuidad en el espacio, ese lugar se iba llenando de cosas reales que trascendían una sola vida. Antes una casa familiar duraba generaciones, en ella nacían niños y morían ancianos. Entre aquellas paredes las cosas reales crecían haciéndose sólidas y daban la seguridad del vivir, también del sufrir.
Cuando fui niña viví en una de esas casas repletas de realidad. Comencé a vivir rodeada de objetos y sensaciones acumuladas a lo largo de mucho tiempo y muchas vidas. Eso significaba que existía una especie de orden incuestionable aunque todo fuese absurdamente inestable. En la habitación donde me escondía había muebles hermosísimos, mesas de caoba, alfombras turcas, cristales de Venecia, bandejas de plata, porcelana china, cortinas de terciopelo y cuadros, muchos cuadros de todos los tamaños y con todas las temáticas, había paisajes holandeses, retratos, escenas costumbristas, bodegones de flores y frutas, pintados todos por maestros del pasado, un pasado aún más lejano que venía a formar parte de aquel espacio real. Pero no eran solo los objetos, eran las presencias, las palabras, los secretos, el sonido de un caminar sobre el mármol, el uniforme de las criadas que habían servido la mesa, las cenas con sus reproches y las veladas con sus chismorreos, seguro que también había en aquellas paredes sueños, de los que allí soñaron, sueños que se quedaron incrustados entre los pliegues de las cortinas o en los marcos dorados de los cuadros. Allí aprendí a mirar y a sentir pensando que ese espacio real donde sucedían las cosas, existiría siempre.
Sin embargo la vida ha girado, era inevitable, gira y avanza y se desliza sin darnos cuenta por el tiempo que pasa y las cosas que pasan y desaparecen. Ya no hay nada de aquello, desaparecieron los objetos y los recuerdos, ya no puedo esconderme en ningún espacio real porque no existe, todo se difumina imperceptiblemente.
Sigue habiendo lugares donde suceden las cosas pero cambian tanto, son tan efímeros que no tienen tiempo de crear historia, las historias se hacen pequeñas, efímeras como los espacios que habitan y pierden seguridad, no se atreven a crecer como hacían antes porque estaban regadas por la sólida realidad del pasado.
Al perder esa fuerza mi realidad también se ha hecho débil y ya no la distingo, cambia, se transforma, se acopla al tiempo que hace o a las palabras que oye. Se amolda a la mirada que encuentra, se refugia en los primeros brazos que la abrazan, mi realidad ya no tiene aquel orgullo de lo real que la protegía, se ha hecho vagabunda, a veces se esconde, otras se tumba al sol o se tira al mar.
Sigue habiendo un lugar donde suceden las cosas, aunque ya no son tan reales, ese lugar ya no está lleno de objetos ni de pasado, lo quiero vacío y limpio, sin ecos, casi sin palabras. Intento dejarlo abierto, alguien entra, alguien sale, casi nada permanece, disfruto de las pocas cosas que hay en él con la certeza de que también las perderé como he perdido lo real. A veces ese lugar es acogedor y seguro, otras veces es voluble y débil. Pero es el único lugar que queda.
Ese lugar viene conmigo, cuando tengo un camino o cuando estoy perdida.


El lugar que queda soy yo.                                 

lunes, 9 de abril de 2012

la edad...




Cuando tú tenías la edad que yo tengo ahora yo tenía veinte años y sin pensarlo pensaba que eras vieja. Yo ahora la palabra vieja la esquivo.
Cuando yo tenía veinte años tú tenías la edad que yo tengo ahora y no eras vieja, aunque yo lo pensase, claro que no lo eras, subías por las escaleras corriendo, saltando los escalones de dos en dos, criabas los pajaritos chicos que se caían de los nidos, criabas también tortugas en el patio y con el azadón labrabas los arriates del jardín, podabas los árboles tú sola subiéndote a las ramas con la sierra, sacabas a los perros, ibas con ellos a la playa y te tirabas al mar, incluso cuando hacía frío.
Yo también subo las escaleras corriendo y también salto los escalones de dos en dos, algunas veces me subo a algún árbol o me tiro por un tobogán, como hacías tú, y también me baño en el mar aunque haga frío.
Cuando tú tenías la edad que yo tengo ahora estabas informada, eras curiosa, hablabas con pasión de las cosas. Yo esa pasión ya la estoy perdiendo y no estoy informada, me he vuelto escéptica con la realidad y me escondo, tú no te escondías de nada ni de nadie. Yo si.
Yo tampoco soy vieja, quizás un poco más de lo que lo eras tú cuando tenías mi edad, aunque los que tienen ahora la edad que yo tenía cuando tú tenías mi edad lo piensen al mirarme y se sorprendan o se rían cuando subo las escaleras corriendo o cuando me tiro por el tobogán.

Me despierto un día más vieja, aún entre las sábanas miro las sombras en la pared y pienso en lo arbitrario y lo absurdo que es todo esto de la edad.

sábado, 7 de abril de 2012

siéntate...



Siéntate, el sol comienza a bajar, vamos a mirar el mar. Un día me dijiste que a esta hora siempre eras feliz, aquel día yo te creí porque quería creerte. Así son las cosas, relativas y cambiantes. Después aprendí a descifrar tus mentiras que eran siempre dulces. Eso también lo aprendí de ti. Hay que saber mentir con dulzura, como hay que saber cocinar con amor o contar historias. A esta hora no hay que hablar, hay que sentarse cerca del mar y ser feliz, ya está.
Me decías que el corazón está lleno de cajones donde podemos ir guardando la vida que nos pasa, hay uno para los buenos recuerdos, otro para lo que hay que olvidar (ese cajón debe estar cerrado casi siempre para que no se escapen los olvidos). Tenemos un cajón para cada persona que hemos amado, ahí metemos sus palabras y sus besos, nada más. Hay un cajón para los sueños que aún no se han cumplido y otro para los que al cumplirse nos dejan tristes (ese cajón hay que airearlo de vez en cuando para que no huela mal). También tenemos un cajón especial para meter la felicidad, así podremos sacar un poquito cuando haga falta, que la hará.
Ven, siéntate, aunque no estés, he encontrado para ti una silla azul, yo me sentaré a tus pies en silencio, como hacíamos entonces, oyendo las olas me acariciarás el pelo, cuando el sol se haya ido nos miraremos.

Con la sonrisa y el mar en los ojos meteremos en el cajón la felicidad que nos sobra y en otro, más chiquito, el silencio.

miércoles, 4 de abril de 2012

el león herido...



El león está herido, la leona muerta. Las flechas los atraviesan.
Una historia de amor narrada en la piedra: eran libres y fuertes, eran felices, invencibles hasta que llegaron las flechas.
Las flechas de la realidad, las de la vida, las que hieren y hacen sangrar, las que matan el amor, de las que hay que huir si se puede, ellos no pudieron o no supieron. La leona se dejó morir porque no quería seguir luchando. El león arrastra las patas dolorido, orgulloso aún ruge cerca de ella, aunque quizás se vaya para morir un poco más lejos.

Relieve asirio, Museo Británico, S.VII a.c.
Ya entonces se escribían bellas historias de amor.

martes, 3 de abril de 2012

bajábamos...



Bajábamos desde el séptimo piso corriendo, era muy divertido porque el giro de los escalones mareaba un poco y cuando llegábamos al portal estábamos borrachas de risas, mi prima Carmina era siempre la primera, la que más corría, llegaba a saltar los escalones de cuatro en cuatro, yo sólo conseguía saltar de tres en tres y algunas veces en el quinto o en el cuarto rellano me caía. Nos íbamos sujetando al pasamanos de madera y a veces nos quedábamos suspendidas en el aire, si te agarrabas con las dos manos al pasamanos conseguías saltar hasta siete escalones, eso llegó a hacer Carmina, yo nunca. En esa escalera también nos sentábamos a contarnos los secretos y era donde yo le hacía a Carmina los deberes sin que nadie se enterase, a cambio ella me pasaría la pelota en clase de gimnasia y si alguna mayor venía a por mi me defendería. En las escaleras ella besaba a su primer novio mientras yo esperaba dos pisos más arriba, por si venía alguien, no los veía pero los oía suspirar y susurrar. Carmina me dijo que cuando yo saliese con alguien ella también vigilaría. El mejor rellano para besar era el tercero porque allí vivía doña Concha que era sorda y no salía casi nunca.
Yo creía que el recuerdo era borroso, que el tiempo difumina y diluye, pero no es cierto. La vida me ha llevado hoy por casualidad a aquella escalera. He subido hasta el tercero buscando la consulta de un dentista, es el rellano de los besos, son los mismos escalones de mármol, el mismo pasamanos de madera, las mismas puertas, la luz que entra por la ventana es la misma, lo se porque ilumina el mismo desconcierto y las mismas dudas. Me he sentado en un escalón durante mucho tiempo intentando tragarme la emoción a sorbitos y respirar profundo para que al llegar al dentista los ojos no me llorasen.

Entonces recordé que fue bajando despacio esa escalera, en una tarde de primavera cuando dejé de ser niña y me hice mujer.

lunes, 2 de abril de 2012

la sombra salada...



A veces me duele el mar, como duele la niñez lejana y salada.
Si me dices azul pienso en pasado.
Si me tocas seguramente me alejo, y busco aquel temblor primero de sol y sombra.
A veces me duelen las lágrimas que no caen, creo que aún son aquellas del mar, en la niñez azul, temblando bajo el sol, a la sombra salada.

Las llevaré conmigo como un tesoro hasta que nada duela.

domingo, 1 de abril de 2012

la isla verde...



He estado en la isla verde. Es una isla escondida detrás de un valle no muy lejos del mar. En la isla verde la costa no es agreste, son unas lindes antiguas y unos setos tupidos. Se llega por un camino de tierra atravesando el jardín. Cuando mis amigos la descubrieron era una isla desierta pero de la tierra reseca han hecho un vergel. Hay que tener mucha fuerza y mucho amor para soñar una isla verde, de eso ellos tienen mucho, tienen también paciencia, atardeceres rojos y las sombras largas de las palmeras que han visto crecer. Sorprende cuando ves que alguien realiza un sueño. Da alegría y esperanza porque quizás algún día también tú lo realizarás.
En la isla verde han florecido los naranjos, los ciruelos, los nísperos. Los limoneros y los pomelos están llenos de frutos, la hierba está húmeda, el aire perfumado, es fácil perderse y difícil recordar lo que hay un poco más allá.

Las flores rompen el aire y salpican el atardecer como la espuma de las olas.

viernes, 30 de marzo de 2012

ina...




Algunas personas pequeñas de tamaño llenan mucho espacio. Así es ella, menuda, fuerte, ágil, valiente y cuando llega lo llena todo. Tiene el pelo sedoso y muy claro, casi blanco. Su pelo brilla desde lejos como la luz que la inunda. Camina con pasos largos, parece que el cuerpo no le pesa, lo lleva con facilidad balanceándose un poco, casi meciéndolo al andar. Vive en un barco viejo y pienso que ese balanceo son las olas, que ya las lleva dentro. Está alegre casi siempre y su mirada profunda ve más allá de la superficie. No duda en preguntar sin pudor, con su voz aguda que a veces se rompe en su acento inglés, sobre las cosas que le interesan.
Sus manos son grandes y fuertes, llenas de anillos y pulseras. Al bailar con ella entrelaza contigo los dedos apretando con fuerza hasta hacerte daño, pero te alza con su energía mientras mueve la cabeza y su pelo sedoso y claro vuela por la música como un huracán.
Por las mañanas llega contenta con sus piernas bronceadas al aire y un jersey grueso, va descalza y trae siempre un regalo, una flor, pan, el periódico, una pluma de gaviota, un libro, lo pone sobre la mesa y sonríe mientras espera el café. También trae siempre alguna noticia o alguna frase profunda para comentar. Ella es curiosa con la vida, se asoma a todos los rincones y busca las cosas que los demás no vemos. Se viste tal y como es, no he conocido a nadie que se exprese mejor con su aspecto.
Es como un cuadro impresionista de pinceladas libres y colores vibrantes. Hay que alejarse un poco para verla bien, a la luz del sol que le da la vida, en su barco de madera, balanceándose sobre el mar.

Así la miro, como a un cuadro, intentando descifrarla disfrutando. De Ina tengo mucho que aprender.

miércoles, 28 de marzo de 2012

silencio...



                      "Si nunca se habla de una cosa es como si no hubiese sucedido"
                                                                     (Oscar Wilde)

Por eso no lo diré nunca, tampoco hoy, aunque hayamos brindado y estén encendidas las velas, aunque me preguntes, aunque insistas, no lo diré, porque si no lo digo es como si no hubiese sucedido.
No quiero olvidarlo, no creas, es simplemente que si no sucedió puede ser que suceda de nuevo, porque ciertas cosas suceden sólo una vez, después pasan.
Se pueden hacer dos cosas: si se habla de ellas se transforman, se convierten en una sombra de lo que en realidad fueron; si no se habla de ellas es como si no hubiesen sucedido, se desean con la misma intensidad, existirán como algo posible, quizás pasen algún día.

Un bucle de silencio va envolviendo los secretos.

martes, 27 de marzo de 2012

azahar...





Las primeras gotas de lluvia huelen generalmente a tristeza aunque a veces puede ser que hagan ilusión y den risa. El humo de la chimenea huele a refugio, dan ganas de tumbarse sobre la alfombra y amar. El humo del tabaco sin embargo huele a noches de bar, a conversaciones aburridas, a "no, no me quiero ir contigo". El tónico de agua de rosas huele a abuela, a abrazos blanditos, a cuentos, a "quiero ser como tú cuando sea mayor". Las palomitas huelen a cine. El vino tinto huele a madera y dicen que a frutos del bosque, a "brindo por nosotros". La hierba buena huele a patio pequeño, al tintineo de una fuente, a un poema que habla de una leyenda oriental. El jazmín huele a noche de verano junto al mar, a "quiero bañarme en el rayo de la luna". Hay personas que huelen tan bien que dan ganas de besarlas, otras personas huelen rancio y dan ganas de olvidarlas. El mar huele a todo lo bueno que puede haber. El olor del pan tostado por la mañana dan ganas de levantarse. El limón huele a alegría. Un cachorrito huele a leche caliente. Ciertas comidas huelen que alimentan. Al entrar en algunas casas o en algunas habitaciones huele mal y dan ganas de irse. Hay sitios que huelen a gloria y uno se quedaría allí toda la vida.

Es primavera y el azahar huele a felicidad.

lunes, 26 de marzo de 2012

escalera...



Salió el libro rodando por las escaleras. Habían llamado a la puerta, nadie llama nunca a esa hora, llamaron y bajé corriendo, estaba descalza, estaba sola, estaba esperando, casi siempre se espera cuando se está solo, aunque en el fondo se sabe que no vendrá nadie, se espera, también se esperan los milagros. Estaba claro que no era un milagro quien llamaba a la puerta en aquella mañana de primavera, los milagros no hacen toc toc. Si un milagro llamase a la puerta llamaría con música, con flores, con un verso o con una broma que me hiciese reír hasta las lágrimas. No era un milagro, seguro, pero bajé corriendo las escaleras, salió rodando el libro, bajé los escalones de dos en dos, no quería llegar demasiado tarde, por si acaso era un milagro aunque hiciese toc toc. La esperanza es lo último que se pierde.

Abrí la puerta ilusionada pero ya no había nadie.

viernes, 23 de marzo de 2012

como una serpiente...



Como una serpiente algunas veces se retuercen las cosas.
Nunca se sabe cuando va a suceder, puede ser que uno vaya tranquilo en alguna mañana soleada, nada hace pensar que se retorcerán las cosas. Antes todo parecía hermoso, la calle vacía con sus sombras alargadas, los libros amontonados sobre la mesa, la taza del café, las pequeñas ilusiones y los pequeños proyectos, todo lo pequeño parecía hermoso, el trinar de los pájaros, los niños que van al colegio, la música, la verdura en el mercado, el silencio. Pero en un segundo todo se retuerce y cambia, se hace turbio, oscuro, comienzan a doler las palabras y los recuerdos.

Sucede a veces cuando sin avisar, de golpe, se muere un sueño.

miércoles, 21 de marzo de 2012

lo que no tengo...



No tengo miedo a casi nada y cuando lo tengo lo supero. No tengo humo gris que me impida ver las cosas, al menos eso creo. No tengo tele en el dormitorio, ni calefacción central, ni cajones en la cocina, ni lavavajillas. No tengo prisa casi nunca. Algunas veces no tengo verguenza, de eso sí que me arrepiento. No tengo rencor. No tengo ganas de competir ni de levantarme temprano. No tengo pereza cuando se trata de reír o de jugar o de subir y bajar muchas veces las escaleras. No tengo álbunes de fotos. No tengo zapatillas de deporte. No tengo límites para imaginar. No tengo envidia. No tengo facebook. No tengo reloj. No tengo mal humor. No tengo ningún traje de chaqueta. No suelo tener malos recuerdos.

No tengo nada de eso, ni ganas de tenerlo.

martes, 20 de marzo de 2012

todo lo que tengo...







Tengo mucho tiempo para hacer cosas, tengo tanto tiempo que incluso me sobra, tengo tiempo hasta para perderlo. Eso me hace muy feliz. Tengo un mar infinito que a veces es azul o turquesa cuando me acerco a los acantilados verdes de aquella costa, un mar que cambia como cambia mi ánimo, las estaciones o la luz del día. En mi mar tengo bandadas de gaviotas libres. Tengo incluso manadas de delfines, pero como también son libres vienen sólo cuando quieren, cuando vienen mis delfines son felices y me hacen muy feliz. En mi mar tengo una orilla con muchas piedras blancas, algunas veces traigo algunas a la casa. Tengo atardeceres todos los días, nunca falla. 
Tengo un caminito secreto que sube por una montaña, allí entre olivos y rocas, ahora han salido vinagretas y florecitas blancas, tengo abejas y pájaros entre las ramas. Tengo una parcela de cielo sobre mi casita blanca, tengo silencios y nubes, tengo palabras. Tengo muchos colores, tengo sombras mágicas. Anoche tuve lluvia y tengo ahora una mañana clara. Todo eso tengo, sonrío al pensarlo y me siento muy rica y muy feliz. 

Además entre las manos tengo una taza de café.


domingo, 18 de marzo de 2012

melancolía ...






Melancolía, todo lo que se acepta. La trama de las cosas se entrelaza, los colores, las palabras, los silencios, lo que no pasó, los secretos, todo tejido con la melancolía.
La melancolía es un domingo por la noche, cuando ha terminado el aire, se ha ido el sol y la esperanza. Eso es la melancolía, cuando se pierde un sueño, el domingo siempre termina en melancolía.

Al menos es una melancolia de colores y eso me consuela.

viernes, 16 de marzo de 2012

la calle...



La calle lleva al colegio. Entonces yo voy por esa calle todos los días, llevo los libros en la mano o abrazados, no llevo bolsa ni maleta porque ya soy mayor, los libros a veces pesan mucho pero los llevo en la mano. Entonces ya es primavera y ha llovido, huele a pino y un poquito a azahar.
En el libro de historia he escrito muchas veces "soy un pez soy un pez soy un pez" porque deseo el mar o quizás porque estoy en una pecera y me ahogo. Entonces estoy triste muchas veces aunque no tengo ninguna amiga del alma a quién decírselo.
Entonces escribo iniciales secretas en los libros y en el margen de los apuntes. Escribo C y escribo P o A. Me gusta C. C es mi amor pero él  no me ve entonces, C es mayor y va a "Galeón" el sábado con las niñas mayores que llevan pantalones vaqueros y largas melenas sedosas. Yo el sábado no salgo entonces, algunas veces voy al cine con mi prima, pero eso no es salir, no tengo pantalones vaqueros ajustados ni las piernas largas, además tengo el pelo rizado y feo, comprendo que C no me vea. Entonces yo le gusto a A. A viene a esperarme a la puerta del colegio y se ofrece a llevarme los libros pero yo no quiero que vea que he escrito C dentro de un corazón. A me acompaña por la calle que lleva al colegio y en el murito nos paramos y me besa una vez, tiene que agacharse porque es alto y yo soy muy poca cosa. Entonces sólo siento vergüenza porque no soy alta ni llevo pantalones vaqueros, llevo el uniforme azul y una coleta. Tengo libros que pesan mucho y soy un pez. Entonces dentro de poco llegará el verano y siento un golpe de alegría pensando en el mar, seguro que en verano todo es distinto, seré alta, tendré el pelo lacio, me pondré vaqueros, C me mirará y querrá salir conmigo, aunque entonces siento de pronto mucha pena por A que me pasa el brazo por los hombros y me pregunta qué haré en verano.

Entonces no le digo que estoy pensando en otro y aprendo a mentir por la calle que lleva al colegio.

jueves, 15 de marzo de 2012

anoche...



Anoche encendí una vela bajo mis deseos, comenzaron a balancearse entre sombras. Es curioso cómo cambian los deseos según se iluminen o desde donde se miren. Todo cambia, pero los deseos son especialmente frágiles e inestables, el calor de una vela hace que bailen, que cambien forma, no se parecen a lo que fueron al principio cuando eran hojas de papel y se podía incluso escribir sobre ellos. Los deseos aparecen o desaparecen y son distintos según la hora del día o de la música que suene. Es muy divertido tener deseos colgados del techo.
Esta noche encenderé otra vez las velas y miraré de nuevo mis deseos entre sombras. Se aprende mucho mirando sin prisa los propios deseos.

Les preguntaré por qué nacieron y cómo acabarán.

miércoles, 14 de marzo de 2012

primavera...



Amaneció distinto, el aire era fresquito pero dulce y los pájaros cantaban más fuerte. Ayer vi que los jacarandá de la avenida ya estaban llenos de flores violetas que huelen a miel. Por la noche un cierto bullicio en la calle, en las risas, en el viento que entraba por la ventanilla del coche entre los pinos me hizo sentir que llegaba la primavera. El prunus del patio ha florecido también. Yo me he puesto una camisa blanca y me he sentado en el suelo del estudio al sol, he hecho flores de papel, quiero que mi casa blanca se vista de primavera. Cada flor es un deseo que cuelgo para que flote etéreo y me recuerde que voy a ser feliz en esta primavera blanca.

Son tan bonitos los deseos de papel!

martes, 13 de marzo de 2012

el rosa tiepolo...

"Pintar el mundo como si fuese un teatro"


El rosa Tiepolo es un color que golpea y después fácilmente se pierde. Eso sucede con algunos colores y con muchas palabras, también sucede con algunas personas, que impresionan y deslumbran, después fácilmente se pierden.
A veces en los libros aparecen las respuestas o los pensamientos que no hemos podido encontrar en nuestras vidas llenas de días pequeños y monótonos. Entre las páginas de un libro se puede descubrir un mundo pintado como si fuese un teatro, de un color vibrante que golpea la emoción, aunque después fácilmente se pierda.

El rosa Tiepolo.

domingo, 11 de marzo de 2012

ensalada...



En algunos momentos me quedo callada y quieta, mi mirada se concentra en algún color, en una sombra, en un contorno y me alejo del mundo. Me puede pasar en cualquier sitio, ante cualquier cosa. Los que me rodean, si me sucede cuando estoy con gente, se preguntarán en qué pienso, por qué me quedo absorta. No pienso en nada, me pierdo simplemente en la forma y el color, comprendo en un momento de lucidez que todo puede encerrar una gran belleza.

Incluso un plato de ensalada.

jueves, 8 de marzo de 2012

de mar...



Junto a la orilla del mar de la infancia descubrí mi esencia: soy de mar.
Me lo dijo mi madre, ella me hizo. A mi hermano mayor lo hizo de tierra, en una tarde de invierno oscuro se adentró en el olivar del cortijo, era áspero, tenía los ojos marrones y la piel dura. A mi hermana pequeña la tejió con hierba de primavera, por eso era tan blandita y fresca, sus ojos eran del color de las hojas cuando se secan. A mi sin embargo me hizo de mar. En verano nadó a lo más profundo y eligió una ola pequeña, le puso mi piel y mi nombre y me trajo en brazos hasta la orilla. Yo tengo los ojos verdes o azules, en el mar el color cambia. Soy líquida y algunas veces me siento tan sola porque soy de mar y la gente, que no puede agarrarme, no lo acepta.
Vivo junto al mar por no alejarme de lo mío, pero si la vida me lleva tierra adentro sólo tengo que recordar a mi madre en la orilla contándome cómo me hizo para saber que nunca lo tendré lejos.

Porque soy de mar y lo llevo dentro.

martes, 6 de marzo de 2012

mi estudio...



Mi estudio es pequeño y blanco, como el resto de la casa, está en la planta alta, un gran ventanal lo separa de la terraza, da al sur. El sol entra en mi estudio toda la mañana. No trabajo mucho en mi estudio, no sería posible trabajar con tanta luz y tanto silencio, los pájaros revolotean y se paran en el ficus o en el romero que está grande y lleno de florecitas violetas. Como ya comienza el calor vienen las primeras abejas a buscar el azahar del naranjito chico. Pierdo mucho tiempo en mi estudio, algunos días me levanto con la intención de acabar un cuadro o de hacer un dibujo que he soñado, pero después me olvido de todo y me tumbo en el sofá a mirar el cielo o las sombras o el viento.
Tengo muchos libros por leer y muchas palabras por escribir. Tengo pinceles y lápices, también tengo cuadernos de viajes, muchas ideas, papeles en las carpetas y lienzos en blanco, por si algún día algo algo en ellos.

Pero lo que más tengo en mi estudio es tiempo y la suerte de poder perderlo con alegría, sin sensación de culpa ni remordimiento.

domingo, 4 de marzo de 2012

aire...

"Una sonrisa, pero que sea incierta o vagamente inefable, como la nostalgia irremediable y sutil de quien sabe que todo es vano y que los vientos que hinchan las velas de los sueños no son más que aire, aire, aire." (A. Tabucchi)





Llevo conmigo desde hace años esa frase de Tabucchi, como una oración me la repito cada vez que siento esa nostalgia irremediable y sutil, porque sé que todo es vano y que los vientos que hinchan las velas de mis sueños no son más que aire, aire, aire.

También me la repito cuando el aire cae y ya no hincha las velas ni mueve los sueños.

viernes, 2 de marzo de 2012

en la antigua china...



" En la anatigua china existía la costumbre de observar el cielo através de un tubo delgado y de juzgar las obras de arte mirándolas através de una estrecha hendidura."

Eran sabios los antiguos chinos, sabían que en el cielo inmenso se pueden descubrir mágicos paisajes si se recortan y delimitan, también sabían que las obras de arte se multiplican si se saben fragmentar para después contemplarlas de nuevo completas.
Yo algunas veces intento mirar los recuerdos através de un tubo delgado y juzgarlos mirándolos através de una estrecha hendidura.

Algunos recuerdos son como el cielo o como las obras de arte.

miércoles, 29 de febrero de 2012

adrián...



Adrián con apenas cuatro años me dibujó, para él yo era entonces grande y tenía unas extrañas manos que se extendían por el espacio como cuerpos, como montañas o como flores, mi cabeza era amarilla, tenía el pelo largo y horizontal, parecido al mar y un vestido rojo y verde, se dibujó a si mismo pequeño y marrón bajo mi brazo extraño, a mi sombra. Aquella tarde estuvimos dibujando en el suelo, llovía y no pudimos ir a los columpios del parque. Se sentó sobre el papel grande y se concentró, me miró y sin dudar trazó líneas firmes y seguras después coloreó con el pincel, mojándolo en la acuarela, sin pensar. Para explicar lo que había hecho escribió torpemente nuestros nombres.

Intenté aprender de él, yo no se si cuando fui niña era capaz de dibujar así, ahora no, no podría hacer un dibujo tan bueno.

lunes, 27 de febrero de 2012

gente rara...



Hay gente rara en todas partes, algunas veces en los lugares más extraños aparecen como por arte de magia.
¿Cuantas pisadas raras habrán roto el mármol?
Es un pasillo en un palacio. Los palacios también son raros, sobre todo ahora cuando pasan por las estancias raras turistas normales y ya no vive la auténtica gente rara que los habitaron. Sin embargo aún se puede identificar a la gente rara. No es rara por su aspecto la gente rara, he descubierto que la verdadera gente rara no intenta llamar la atención, aunque siempre, sin duda, se distingue del resto y de algún modo brilla.

Por un pasillo de mármol oigo el taconeo de unas botas negras y se eclipsa el murmullo. Alguien pasa a mi lado dejando en el aire su huella rara.

sábado, 25 de febrero de 2012

líquido...




Los sueños que tengo son líquidos, hay gente que tiene sueños sólidos y seguros, los construyen de piedra y les sirven para esconderse de la vida o del frío o del miedo. Mis sueños son líquidos, sé que resbalan, que fluyen, que cambian, que algunos se van evaporando y cuando voy a mirarlos encuentro sólo un charquito pequeño. También me mojan a veces o me inundan y en vez de protegerme me hacen tiritar y me estremezco. Es cierto que también me refrescan en verano o que puedo incluso beberlos y disolverme en ellos.
Los grandes sueños sólidos serán como lastres pesados.

Mis sueños líquidos no pesan y me los puedo llevar donde quiero.

jueves, 23 de febrero de 2012

pinceles...



Pinceles en un tarro, carboncillo sobre papel.
Algunos objetos nos acompañan a lo largo del tiempo, es curioso que suelen ser los objetos más modestos, los que se quedan callados en los rincones, sin brillar ni hablar alto, son los que se usan en silencio. Heredé de mi abuelo su maletín de pintura. Durante algún tiempo, cuando comencé a pintar, usé sus tubos de oleo viejos que estaban duros y resecos, pero lo hacía con la sensación mágica de utilizar los colores del pasado, creía ingenuamente que así mis cuadros serían más buenos. En la estantería de mi estudio aún tengo varios pinceles de aquellos que encontré en la caja de caoba de mi abuelo.

Como si  hubiese heredado una joya los pinceles me acompañan a lo largo del tiempo.

martes, 21 de febrero de 2012

un círculo...



Mi mano en un círculo.
En un café modernista. Al fondo, creo, tocaban el piano. Había lámparas con lágrimas de cristal y muchos espejos dorados. Madera tallada. Mesas pequeñas y sillas con ornamentos de hojas y volutas. Sobre la barra una bandeja de flores y frutas, ahora pienso que eso no lo veía nadie, solo yo. En la calle el mundo pasaba rápido, sucede a veces que el ritmo no sigue al tiempo. Aquí todo es lento, antiguo, huele a viejo. Tras el cristal de la puerta el mundo es nuevo. Hay tiendas con letreros grandes. Móviles sonando, la gente corre, fluye rápido el invierno. En alguna gran ciudad pasé toda la tarde en un café modernista, uno de esos lugares sin tiempo.

Apoyé la mano en un círculo con la emoción de pensar que alguien alguna vez habrá apoyado la mano en un círculo sin saber si alguien apoyó también la mano en el círculo del tiempo.

lunes, 20 de febrero de 2012

proa...



Algunas veces me voy a la proa del barco mientras navega. Para mi es el sitio más hermoso del mundo, todo se confunde, cielo y mar, el aire también cambia de dimensión y se hace denso, de la densidad del agua, entonces no comprendo como puedo respirar y llego a sentir que vuelo, sólo el sonido de las olas rompiendo en el casco del barco me recuerda que sigo sobre el mar, pero todo queda lejos, incluso los colores están lejos, yo estoy lejos. En esas ocasiones siento tan fuerte la emoción del mar que me estremezco, después intento contárselo a alguien o lo escribo.

Está claro sin embargo que ciertas emociones es imposible transmitirlas.

viernes, 17 de febrero de 2012

la camelia...

                                   


La camelia ha florecido bajo el frío intenso. Me impresiona que florezca en invierno, cuando el sol no consigue bajar hasta el patio rojo y se queda arriba, en la terraza, calentando el jazmín y el romero. Algunos días parece que la fuente va a congelarse, cuando meto la mano para sacar las hojas que han caído me duelen, de fría que está el agua, los dedos.
La flor de la camelia es de seda, de algodón, de espuma, tan frágil como una ola o como un secreto.

Sin embargo aún siendo tan hermosa es valiente y florece en invierno.

miércoles, 15 de febrero de 2012

se escriben con r...



Se  escriben con "R" muchas palabras que retumban, también resuenan en el fondo del alma. Rojo como el corazón, como muchos recuerdos, releer, rebuscar, regañar. Reír y las risas rojas, rascar cuando es como acariciar pero un poquito más fuerte. Redondo o rectangular. La rama del almendro, la rosa y el ruiseñor. El rincón donde me escondo. La niña rubia. El romero. Rogar si pedir se queda corto. Reloj cuando falta o sobra tiempo. La ribera del río y me río de las ilusiones o de los recuerdos. Rizo. Rezar aunque no se crea en nada. Razón. Rumor, sobre todo el rumor de la olas que rompen o de las ramas cuando las revuelve el viento, también hacen rumor los remordimientos que retumban y resuenan en el fondo del alma. Recomenzar. Rojo otra vez, resbalar, rescatar. Respirar. Reconocerse, cosa de un instante.

R O M A que es A M O R escrito al revés.

martes, 14 de febrero de 2012

las cosas menores...




Mi tiempo es lento, lleno de cosas menores y vida silenciosa.
En algunas mañanas de tiempo lento disfruto de las cosas menores que me rodean y en silencio ojeo libros de arte. Hay una pintura de cosas menores y de vida silenciosa, como la mía.
Me detengo hoy en un fragmento de un cuadro de Willem Claesz Heda, "Naturaleza muerta con pastel de moras".
Una esquina de una mesa con mantel de lino, un hermoso vaso de cristal se ha roto sobre el plato con restos de pastel, los trozos de vidrio se mezclan con las moras y los frutos secos. Hay silencio, sí, porque ya ha pasado todo y porque la pintura detiene el tiempo, pero vuelan en el aire las palabras dichas, el vino que se ha bebido en esa copa rota, el olor del pastel, la violencia quizá, el abandono.




¿Cuanto puede esconder la vida silenciosa y las cosas menores?

domingo, 12 de febrero de 2012

entre las piedras...



Entre las piedras una pinza coja. Yo paseaba por una calle desconocida. Cuando uno viaja solo algunas veces te acompaña la ausencia y hablas con ella cuando te sientas a tomar un café o un vino en la ribera del río. La ausencia puede llenarlo todo cuando te acompaña y al caminar por las calles te va indicando con el dedo las cosas que tu no verías si fueses solo. La ausencia me enseñó que los atardeceres huelen a barco y que las calles terminan en el mar.
La pinza coja nos sorprendió a la ausencia y a mi caminando sin rumbo y pensando tonterías. Estuvimos un buen rato mirando las piedras antes de descubrir que entre el tiempo y el musgo dormía una pinza coja. Tal vez estaba simplemente jugando a camuflarse y a ser otro. Querrá ser parte del muro, tendrá la ilusión de ser piedra, aunque sea de madera vieja y esté coja, me dijo la ausencia con ironía. Algunos aún tenemos sueños y nos escondemos para cumplirlos.

Después la ausencia me cogió de la mano y seguimos, en silencio, caminando hacia el mar.


viernes, 10 de febrero de 2012

el olivo...



El olivo estaba tras la valla del cortijo. Un verano, antes de que lo vendiesen mis padres, pasé allí todos los días y todas las noches. En el cortijo bajo una sierra agreste y azul.
Creo que fue allí donde aprendí a sentir profundo y a pensar suave. A la sombra del olivo.
Pusimos una hamaca donde íbamos durmiendo por turnos nuestros sueños. De mi padre eran las horas de la siesta, después de haber comido junto a la alberca, él dormía y roncaba con las chicharras. Mi madre prefería el atardecer, yo la noche profunda o los amaneceres frescos.
Algunas veces puse bajo el olivo una mesa de madera, un mantel antiguo y unas sillas, cogía flores del campo y las ponía en un jarrón con tomillo y romero. Encendía velas que colgaba de las ramas en tarritos de cristal, nos sentábamos allí a cenar y a hablar como los grillos, bajo las estrellas.
Perdimos el cortijo, los veranos y la familia, pero quizás estén aún en la corteza del olivo viejo nuestros sueños y las palabras que dijimos, incluso las que no llegamos a decir.

Los árboles viven y recuerdan mucho más que nosotros.

jueves, 9 de febrero de 2012

jueves...



Jueves noche. Hace frío pero no he podido encender la chimenea, he llegado tarde y he encendido sólo las velas, aún así la penumbra es mágica. No he puesto la televisión, sólo la música, para mi esta música es como una banda sonora, tarareo y me pierdo. Traigo recuerdos y sueños. Puedo hacer que se mezclen, como se mezclan las luces con las sombras, como cuando se mezclan los colores o se amasa el barro, puedo creer que nada es real. Incluso puedo hacer que el tiempo pase o se detenga. Soy niña ante las figuras de luz que hacía mi madre con el cigarro en la oscuridad antes de dormir, soy yo ahora poniendo flores en un jarrón que nadie verá, soy quien habla y quien calla, quien se muestra y quien se esconde.

No importa, la realidad y el sueño, el pasado y el presente, la sombra y la luz.

nubes bajas...



Las nubes, como muchas cosas en la vida, suelen sorprenderme. Me sorprenden algunas personas y casi todos los animales. Me sorprende el tiempo y como pasa rápido o  muy lento, me sorprenden las piedras, las palabras y algunos besos. Me sorprenden las risas y cuando las risas nacen de los recuerdos, me sorprenden las lágrimas si no las espero. Me sorprende siempre el mar y el amor.
Era un anochecer limpio, subía por la carretera de curvas que me lleva al pueblo, me sorprendió el galopar de las nubes bajas conquistando el cielo.

La luna las miraba también, sorprendida como yo.

martes, 7 de febrero de 2012

el sofá...



Llego en alguna noche oscura, pero ni la soledad ni el frío me preocupan, traigo dentro una alegría suave, deseo tumbarme en el sofá, taparme con la mantita blanca y mirar el patio rojo, las luces tras las macetas grandes dibujan unas sombras tan hermosas que puedo mirarlas durante mucho tiempo, el tiempo se pierde cuando me tumbo por las noches en el sofá. Normalmente pongo alguna música delicada, pero no siempre, muchos días el silencio es más dulce que el sonido. Abro un libro y comprendo el origen de esa alegría que me empujaba mientras caminaba por las calles oscuras.

La alegría, el patio rojo, la noche, un libro, el sofá.

lunes, 6 de febrero de 2012

el gran canal...



Otra vez Venecia. Lo bueno de dibujar cuando se viaja es que cuando vuelve a abrirse el cuaderno que se llevó al viaje aparece el recuerdo. Una fotografía detiene el tiempo, un dibujo atrapa el recuerdo. Al dibujar hay que pararse, buscar un rinconcito donde sentarse y mirar, hay que conseguir que la mirada salga por los dedos, dibujar es acariciar y es mentir, al dibujar uno puede transformar las cosas que ve, idealizarlas. Venecia sin turistas, una puesta de sol en el gran canal.

Paso las hojas del cuaderno en una tarde de invierno persiguiendo recuerdos.

domingo, 5 de febrero de 2012

se puso el sol...



Se puso el sol en el puerto. El sol se va y viene todos los días, desde el infinito pasado y hasta el infinito futuro se irá y vendrá cada día, es una de las pocas cosas ciertas que dan un poco de seguridad en el vivir.
Lo impresionante es que sabiendo que sucederá cada día de la vida, cuando uno se detiene a ver el sol que se va se siente una emoción nueva.

Infinita también.

viernes, 3 de febrero de 2012

un prosecco...



Un prosecco y un panino en Venecia.
Cuando viajo, suelo volver siempre al mismo sitio si he encontrado lo que buscaba, la gente no lo hace y cuando viaja va siempre a otro lugar, parece que se pierde el tiempo si se repite, creo que tienen razón y hacen bien en ir a la búsqueda de otras cosas, pero cuando yo viajo hago lo que quiero y quiero volver. No me importa perderme otras cosas que quizás no llegue nunca a descubrir, de todos modos es imposible conocerlo todo.
En Venecia descubrí el primer día una terraza junto a un canal, era un sitio increíblemente tranquilo, sin bullicio ni turistas, seis mesitas al borde del canal y una especie de quiosco donde tenía que entrar a pedir mi prosecco y mi panino, me sentaba en una mesa al sol y allí leía o dibujaba y dejaba pasar las horas del medio día en un sueño fantástico, estar en Venecia junto a un canal tomando un prosecco al sol del invierno.

Repetir lo bueno nunca me ha parecido una mala idea.

miércoles, 1 de febrero de 2012

en lo más profundo del invierno...



"En lo más profundo del invierno finalmente comprendí que dentro de mí hay un verano invencible"  (A.Camús)

En verano los días son largos. El objetivo fundamental es buscar la sombra y tirarse al mar. Cuando el viento lo permite se sacan las velas y el barco navega. Silencio, horizonte, gaviotas. Algunos pensamientos se diluyen, sensaciones o sentimientos siempre suaves y adormecidos, todo azul. A veces se ven delfines y entonces se siente una enorme felicidad, azul como todo.
Al caer la tarde se vuelve a puerto. Encender la vela que cuelgo en la botavara, una copa de cava, algunos libros y la puesta del sol.

Busco en la memoria mi verano invencible para que me salve del frío y de la melancolía en estas largas tardes profundas de invierno o de recuerdo azul.